HOOOOOOOLA AMORES :3 ¿Qué tal? Bueno, antes de nada, quería dar las gracias a todos aquellos que leéis mi novela... me gusta mucho escribirla y me satisface que vosotros disfrutéis leyéndola. Leo TODOS los comentarios que me dejáis, tanto por aquí como por twitter, y aunque no suela contestarlos, os aseguro que me hacen muy muy muy feliz.
Recordad, si queréis que os avise por twitter cada vez que suba un nuevo capítulo, sólo tendréis que dejar vuestro nombre de twitter en un comentario y lo haré. Para aquellos que no lo sepan mi twitter es @DJTommosArmy, para cualquier duda, queja, sugerencia, etc.
Y nada, no me enrollo más, que disfrutéis del capítulo, que es bastante romanticón, por cierto (jajaja) y que está dedicado a Carlota, Ana, Laura y Cris, por inspirarme y darme ánimos y fuerzas para hacerlo y porque no sé qué haría sin ellas. Os quiero <3.
[Dos semanas después...]
{Narra Amy}
Los rayos de sol que se filtraban a través de las vaporosas cortinas de la ventana me hicieron cosquillas en la cara, despertándome por fin. Abrí los ojos lentamente y lo que mi mirada encontró fue suficiente como para que una sonrisa apareciera de golpe en mi cara. Su rostro se hallaba a pocos centímetros del mío y el poder sentir su respiración tranquila y acompasada me provocó un cosquilleo que me recorrió el cuerpo de arriba a abajo. Después de, aproximadamente, cuatro semanas viéndolo casi a diario, todavía me resultaba difícil creerlo. Después de dos semanas saliendo con él, el mismo cosquilleo nervioso me recorría el cuerpo de arriba abajo. Y no iba a poder evitarlo jamás, de eso estaba segura.
Volví a cerrar los ojos. Tan sólo eran las nueve de la mañana y hoy era sábado, por lo que no había necesidad de levantarse temprano. Procuré volver a dormir, pero no pasaron ni cinco minutos cuando sentí su cuerpo moviéndose entre las sábanas. Se había despertado. Abrí los ojos de golpe y volví a encontrarme con su rostro, esta vez ya despierto.
- Buenos días - susurré sin borrar mi sonrisa, a la vez que me incorporaba hasta quedarme sentada en la cama.
- Buenos días, princesa - me contestó él, con esa habitual voz grave de recién levantado. No podía, os lo juro que no podía. Cualquier día de estos me entraba un ataque - ¿Has dormido bien?
- Mejor que nunca - respondí, a la vez que me estiraba. Me mantuve pensativa unos segundos, durante los cuales Zayn no apartó la mirada de mí. Al contrario que a otra gente, eso me gustaba, no me ponía para nada nerviosa - La pregunta es, ¿qué hacemos tú y yo en la misma cama? Juraría que no he dormido aquí por propia voluntad... - solté una leve carcajada, a la vez que salía de la cama de un salto. Me coloqué frente a un espejo cercano a la mesilla de noche, dispuesta a arreglarme un poco el pelo, pero, ¿cuál fue mi sorpresa? Estaba en ropa interior. Los ojos se me abrieron de golpe y, avergonzada, regresé corriendo a la cama, dispuesta a taparme con todas las mantas posibles. Zayn comenzó a reírse a carcajadas - ¡Zayn! ¿Me puedes explicar que hacía medio desnuda dentro de tu cama?
Él rió.
- No pienses mal, mujer... - antes de continuar, me pasó un brazo por los hombros y me pegó a su cuerpo. Ahora ambos estábamos tumbados en la cama, el uno pegado al otro, mirando hacia el techo - Es sólo que... bueno, no terminaste de ver la película de anoche. Te quedaste dormida antes de que acabara y me dio pena despertarte... - Zayn me dio un leve beso en el pelo - Y, respecto a la ropa... bueno, no quería que pasaras calor ni sudaras - rió ligeramente. Yo sonreí de lado, muerta de la vergüenza. Apostaría cualquier cosa a que mi rostro estaba completamente encarnado. Y eso era raro en mí, puesto que no me solía ocurrir nunca.
Me separé de golpe de Zayn, sin soltar la sábana que cubría mi cuerpo y me puse en pie.
- Tú lo que tienes es un morro... ahora mismo quiero que te gires y que no te des la vuelta hasta que yo te avise, ¿entendido? - intentaba sonar dura, pero estar al borde de las carcajadas no ayudaba. Zayn levantó una ceja, con gesto divertido y se dio la vuelta, lentamente.
Una vez me aseguré de que no estaba mirando, cogí los pantalones vaqueros que se encontraban en el suelo y me los puse. Comencé a buscar la camiseta con la mirada.
- Esto es una tontería, Amy. Eres mi novia, no tiene por qué darte vergüenza estar así delante de mí... - Zayn se dio la vuelta, mirándome fijamente a los ojos. Yo volví a sonrojarme una vez más.
- ¡Entiéndeme, Zayn, no me acostumbro! - encontré la camiseta arrugada en el suelo y me tapé con ella como pude.
Tras poner los ojos en blanco, Zayn se levantó de golpe de la cama (cabe destacar que estaba en calzoncillos) y corrió hasta mí, haciendo ruiditos raros con la voz.
- Pues acostúmbrate, fea, porque es lo que te queda - dijo con una voz algo extraña, a la vez que me estrechaba contra su torso desnudo. No pude evitar reírme y separarme de él, para mirarle a la cara. Aunque ni tiempo me dio, puesto que Zayn acercó su cara a la mía y me besó. Lenta, pero apasionadamente. Uno de esos besos que te cortan la respiración.
Se separó pocos segundos después, pegando su frente con la mía.
- Te quiero - murmuró.
{Narra Harry}
- ¿Vamos a volver a salir esta noche? - pregunté, a la vez que me acercaba y agarraba a Lauren de la cintura, mientras esta se maquillaba levemente frente al espejo. No obtuve respuesta alguna, sino que la chica continuó concentrada en echarse rímel - Oh, vamos, ¿sigues enfadada conmigo? ¡Al menos dime por qué! ¡No puedo entende...!
- ¿Para qué vamos a volver a salir, Harry? - Lauren me interrumpió, guardando el rímel en el estuche y girándose para mirarme a la cara - ¿Para que vuelvas a irte con otra amiguita y me ignores durante toda la noche? No, para eso no - tras decirme esto con un tono de voz bastante elevado, volvió a girarse hacia el espejo, esta vez para ponerse un poco de colorete.
No pude evitar sonreír ligeramente y, de hecho, tuve que ahogar una carcajada. Estaba celosa, eso era lo que ocurría. La noche anterior habíamos salido por una de las calles más transitadas de Londres, llena de discotecas, pubs y bares. Dio la casualidad de que, en uno de ellos, me encontré a una vieja amiga de la infancia, la cual recordaba con muchísimo cariño y a la cual no veía desde hacía años. Si, puede que me pasara un poco, ya que me dediqué a hablar con ella durante toda la noche, pero, ¿ignorar a Lauren? Eso sí que puedo asegurar que no lo hice. De hecho, más de una vez avisté a un par de tíos algo contentos que se comían a mi chica con los ojos. MI chica. De nadie más. Y por eso la agarraba de la mano y la pegaba más a mí. Pero, claro, ella no se dio cuenta de eso. Y luego dicen que las mujeres son inteligentes...
- Cariño, - hice una pequeña pausa, durante la cual Lauren fingió no haberme oído - ¿es que acaso estás celosa? - me reí levemente, pero mi risa no duró ni dos segundos, puesto que la mirada asesina que me lanzó la chica bastó como para callarme y ponerme serio - Lauren, mírame - la cogí de la cintura y la acerqué a mí, girando suavemente su cara con mis manos y obligándola a que me mirase - Te quiero.
- Y yo, Harry, no te imaginas cuánto, pero...
- Pero, ¿qué?
- Que tengo miedo, Harry, eso es todo - Lauren agachó la mirada y se separó de mí. Dio un par de pasos hacia atrás y se sentó en la cama, con el semblante serio. Preocupado, me senté a su lado y le cogí de la mano.
- ¿Miedo de qué?
- Miedo de perderte.
- ¿Perderme? ¿Por qué ibas a perderme? - apreté levemente su mano, en un gesto de cariño.
- Porque al igual que yo entré en tu vida, otra podría hacerlo y reemplazarme. Por eso mismo. Y yo...
- No, calla - cogí su rostro entre mis manos y le dí un suave y cálido beso, impidiendo que continuara hablando - Te quiero, Lauren, y eso no va a cambiar nunca.
{Narra Caitlin}
- Para mí un batido de chocolate blanco, por favor - el camarero anotó el pedido y se fue. Me revolví nerviosa en el asiento de la cafetería y miré a mi acompañante. No dejaba de mirarme a la vez que sonreía. Le devolví la sonrisa - Deja ya de mirarme, ¿no? - bromeé, mientras mis mejillas se coloreaban ligeramente. Estaba algo nerviosa, pero no sabía por qué.
- Lo siento, Caitlin. Estaba pensando en estas dos últimas semanas. Han sido geniales, o por lo menos para mí - sí, para mí también lo habían sido, para qué vamos a negarlo. Desde que, dos semanas atrás, después de haber visto aquel panorama en el Starbucks, recibí su SMS, todo había ido a mejor. Y era suyo. De Alex. Mi mejor amigo.
- Para mi también han sido geniales, Alex, de verdad. Has conseguido sacarme una sonrisa cuando creí que nadie sería capaz...
- Esa sonrisa que tanto me gusta ver. A mí y a todos, estoy seguro - sus palabras me dejaron desconcertada. ¿Qué pretendía decir con eso?
- Eh... no sé, no creo que sea para tanto - me reí con nerviosismo, pero él continuaba serio. Se levantó de su silla, que estaba enfrente mía y se sentó en la que se encontraba justo a mi lado, cogiéndome de la mano y sin dejar de mirarme a los ojos. Podía sentir que mi rostro se encontraba completamente rojo.
- Sí que lo es, Caitlin. Y si no lo es para los demás, para mí sí. Cuando hace casi un mes te fuiste de Manchester lo pasé mal, y eso que nunca creí que fuera a ocurrirme algo así. Te echaba de menos. Echaba de menos tu sonrisa, tus palabras, tu risa... a ti. ¿Sabes eso que dicen de "no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes"? Pues es completamente cierto. Y es, además, lo que me pasó a mí, contigo. Te quiero, Caitlin - me dejó, literalmente, sin palabras. ¿Aquello era una declaración... o simplemente eran imaginaciones mías?
No tenía ni idea de qué decir, ni la más mínima. Además es que era Alex... ¡Alex! Lo conocía desde que ambos medíamos apenas dos palmos y él era como un hermano para mí... ¿O no?
Por suerte, el bendito tono de llamada de mi Blackberry, nos interrumpió. Todavía temblando de los nervios revolví mi bolso de arriba a abajo hasta que lo encontré. Era Amy. Me excusé ante Alex con la mirada y éste me sonrió abiertamente.
Me levanté de la silla con las piernas temblorosas y salí fuera de la cafetería.
[Conversación telefónica]
- Hola Amy... - comencé a decir.
- ¡Hola guapísima! ¡Esta noche salimos y no acepto un no por respuesta! - Amy, como no, siempre tan efusiva.
- Eh... ¿qué?
- Que esta noche salimos... a dar una vuelta... discoteca... beber, bailar, ¿te suena de algo? - comenzó a reírse escandalosamente a través del aparato - Te noto un poco espesa hoy, ¿estás bien?
- Eh, sí, sólo estoy un poco confundida... muchas emociones de golpe - reí nerviosamente.
- ¿Emociones de golpe? ¿Tienes algo que contarme, pillina? - preguntó.
- Uf, demasiadas cosas...
- Sólo quiero oír el nombre.
- Alex.
- ¿QUÉ? ¿ALEX? ¿EN SERIO?
- Sí, Alex - me reí ante la reacción de mi amiga.
- Dile que venga también esta noche, de hecho, vamos todos...
- Un momento... ¿todos?
- Sí, todos, ¿por qué?
- ¿Quiénes son todos, Amy?
- Pues todos, Caitlin, ¿quienes van a ser?
- ¿Irá Niall también?
- Ah, a eso te refieres... sí, creo que sí. Irá con su nueva amiguita. Y, bueno, Louis con la suya...
- Nos vemos luego, Amy - y sin darle tiempo a que volviera a responder, corté la llamada.
[Fin de la conversación telefónica]
Me quedé un par de minutos fuera de la cafetería, con la mirada perdida y aspecto pensativo. Porque eso era lo que hacía, pensar. Pensar en aquello que había conseguido olvidar en estas dos últimas semanas gracias a Alex pero que, ahora, irremediablemente, volvía a inundar mi cabeza. Niall Horan. La última persona a la que querría ver en estos momentos. La última, y todo por evitar sufrimiento. Qué débiles somos, ¿no?
sábado, 2 de junio de 2012
domingo, 27 de mayo de 2012
Capítulo 25.
{Narra Katie}
- ¿¡QUE QUÉ!? - Amy comenzó a gritar como una auténtica posesa, a la vez que se acercó a Lauren y la agarró por los hombros. Comenzó a zarandearla - Lauren, repite eso, porque creo que no te he escuchado bien.
- Estoy saliendo con Harry - repitió ésta, si cabe con la misma parsimonia que anteriormente.
Mientras Amy gesticulaba exageradamente, Claire y Caitlin se habían quedado con la boca abierta de par en par, flipando. Y, bueno, yo no me quedaba atrás. Movía las manos y trataba de decir algo, pero nada coherente me salía en esos instantes.
- Perdona, ¿qué? - pregunté yo entonces. Me acerqué a Lauren y la agarré levemente del brazo - Lauren, estás de broma, ¿verdad?
- No, - soltó una carcajada - os lo digo en serio. Estoy saliendo con Harry - repitió por tercera vez. Después, como que no quiere la cosa, caminó hasta el armario y lo abrió. Se dedicó durante al menos diez minutos a vaciar el contenido de su bolso dentro de éste, para después meter algunas prendas de ropa limpias. Nosotras, mientras tanto, la mirábamos atontadas - Ya os contaré todos los detalles - sonrió levemente, a la vez que volvía a dirigirse a la puerta de la habitación.
- ¿Qué? No, Lauren, ¡no puedes irte ahora y dejarnos así! - protestó Claire, frunciendo levemente el ceño.
- Lo sé, y lo siento chicas, pero es que he quedado con...
- Harry - la interrumpió Caitlin - Pues vete ya y vuelve pronto. La próxima vez que entres por esa puerta ten claro que no te dejaremos salir sin que nos cuentes nada - sonrió levemente.
- Gracias chicas, sois las mejores - nos mandó un beso por el aire - ¡Os quiero, hasta luego! - y, dicho esto, salió dando un portazo.
Las cuatro que quedábamos dentro estuvimos un rato calladas, o bien con la mirada perdida o bien lanzándonos miradas muy significativas.
- ¿Os lo podéis creer? - rompí el silencio al cabo de unos minutos.
- Yo no termino de hacerme a la idea - respondió Claire, sacudiendo levemente la cabeza.
- Pues yo sí, y además he quedado, ¡así que os veo por la noche! - para nuestra sorpresa, Amy se había vestido y arreglado en un abrir y cerrar de ojos, y salió por la puerta de la habitación antes de que nosotras pudiéramos decir nada.
Claire, Caitlin y yo nos miramos las unas a las otras, antes de echarnos a reír.
- ¿Y esta? ¿A dónde ha ido? - preguntó Claire.
- No tengo ni idea, pero a mi tampoco me apetece quedarme encerrada en la habitación todo el día. ¿Vamos a dar una vuelta? - propuse yo.
- Me apunto. Claire, ¿vienes? - contestó Caitlin, mientras que se ponía en pie.
- No, prefiero quedarme aquí. Estoy muy cansada y además, ya sabéis, hoy tengo la cena con Nate... - sonrió levemente.
- ¡Es cierto! Bueno, no te preocupes, sólo será un ratito. Volveremos a tiempo para ayudarte a arreglarte - le di un beso en la mejilla.
Caitlin y yo nos vestimos en un abrir y cerrar de ojos y, tras coger algo de dinero y nuestros móviles, salimos de la habitación. Caminamos por los pasillos vacíos del hotel y salimos a la calle. Comenzamos a caminar sin rumbo.
- ¿Algún lugar en especial al que quieras ir? - me preguntó, mientras caminábamos la una junto a la otra por una calle cercana a Oxford Street.
- Tú eliges, pero, por favor, no vayamos al centro comercial de Westfield Stratford - le rogué. Allí era dónde había estado metida con Audrey el día anterior. Ella rió levemente.
- Vale, tranquila, nos quedaremos por estas calles.
Y así fue. Nos recorrimos prácticamente todas las tiendas que había por la calle, desde Zara hasta HMV, a ponernos al día en CD's y DVD's, siempre riéndonos y gastándonos bromas la una a la otra.
- Va, venga, ¿nos acercamos hasta Abercrombie y nos sacamos una foto con el modelo de la puerta? - pregunté emocionada, agarrando a Caitlin de un brazo.
- Katie, ¿en serio? ¡Estoy agotada! ¡Llevamos toda la tarde sin parar!
- ¡Por favor, por favor, por favor! - le rogué - Sólo eso, después te prometo que nos sentaremos en un Starbucks durante tres horas seguidas, si quieres...
- Oye, ¿y no podríamos ir primero al Starbucks? Te prometo que después te sacarás tres fotos con el modelo, si quieres... - ambas nos echamos a reír a la vez.
- ¡Eres una vaga! Pero vale, tu ganas... hay uno muy cerca de Abercrombie, lo he visto el otro día. Vamos.
Nos dirigimos hacia el Starbucks sin dejar de hablar ni de hacer tonterías un solo segundo, pero una vez que llegamos allí, la sonrisa que llevaba dibujada en mi rostro desapareció de repente. Caitlin pareció notarlo, pero ella no había visto lo mismo que yo.
{Narra Caitlin}
- Caitlin, ¿lo has visto? Dime que no lo has visto, por favor - Katie comenzó a hablar apuradamente y con gesto serio.
- Katie, ¿ver el qué? Me estás asust... - me di la vuelta, mirando hacia el ventanal de la cafetería y me interrumpí a mi misma. Me había quedado con la boca ligeramente entreabierta.
¿El por qué? Louis y Audrey, Niall y Miranda, de modo muy cariñoso, compartían una mesa y tomaban algo parecido a un café. Giré la cabeza un momento para observar el semblante de Katie, que tenía los labios fruncidos y una expresión de decepción en el rostro.
- Bueno, estarán hablando. Ayer congeniaron muy bien. Son amigos - intentaba convencerme de algo que ni yo misma me creía. Supongo que era cuestión de aferrarse a algo.
- No, Caitlin, es que tú no has visto lo mismo que yo.
- ¿Cómo que no? - volví a girar mi cabeza hacia la cafetería, y entonces si lo vi. Niall, inclinado sobre Miranda, "comiéndole", literalmente, la boca. Parecía que el mundo se me echaba encima. Niall. Niall Horan. Ese chico del que yo era fan cuando estaba en Manchester. Ese chico del que me enamoré cuando vine a Londres. Ese chico con el que ni hacía veinticuatro horas estaba compartiendo paseos en barca, risas, besos... Ese chico ahora estaba besando a, si cabe, una de las personas que peor me ha tratado en toda mi vida, desde que éramos pequeñas en el colegio. ¿Mi enemiga? No, yo no tengo de eso. Pero, si los tuviera, estoy segura de que ella figuraría en esa lista. Tragué saliva sonoramente y agaché la mirada - ¿Sigue en pie lo del modelo de Abercrombie? - intenté como pude esbozar una sonrisa, pero no fui capaz.
Katie me miró y me rodeó con sus brazos, estrechándome contra ella.
- Si te soy sincera, se me han quitado las ganas. Volvamos al hotel, por favor - sonrió levemente, y yo a su vez.
- Claro, vamos.
Emprendimos el camino de vuelta al hotel en completo silencio. Sólo escuchábamos las fuertes voces de las personas que caminaban por las aceras y las ruidosas bocinas de los coches. Y, de pronto, un nuevo sonido se unió a la colección. Mi teléfono móvil comenzó a sonar, avisándome de la llegada de un SMS.
Mi sorpresa al leer el nombre de quién lo enviaba en la pequeña pantalla de la Blackberry fue enorme, pero provocó, segundos después, que una pequeña sonrisa se formara en mi rostro. Si, quizás no esperaba que fuera a enviarme un mensaje. Tampoco tenía la menor idea de lo que contendría el mismo. Pero quizás también, en aquellos momentos, aquello fuera lo que más necesitaba.
[Unas horas más tarde...]
{Narra Claire}
Miré mi reloj por enésima vez aquella noche. Ya eran las 10:45 pm, hacía una hora y cuarto que había quedado con Nate aquí, en el hall del hotel, y él no se había dignado a presentarse todavía. Estaba enfadada, muy enfadada. Por una parte, hacía ya tiempo que hubiera vuelto a la habitación pero, por otra, quería quedarme y decirle cuatro cositas. Bueno, eso si se dignaba a venir.
El tiempo continuaba pasando y, por fin, alrededor de las 11:15 pm, la puerta de entrada del hotel se abrió de golpe y por ella entró Nate. Pero no era el Nate que yo me esperaba encontrar. Éste llegaba sudoroso, despeinado y con la camisa arrugada. Tambaleándose, se acercó a mí.
- L-lo siento Anna - balbuceó de forma tan rápida que me resultó difícil entenderle.
- ¿Anna? - pregunté extrañada.
- Oh, perdona Claire, me he equivocado - Nate se acercó peligrosamente a mi rostro. Su aliento apestaba a alcohol. Repugnada, me alejé un par de pasos de él.
- Nate, llevo esperándote aquí durante más de una hora. Llegas tarde, borracho y, aún por encima, ¿me llamas Anna? - espeté, mirándole a los ojos - Creí que eras distinto, pero ya veo que todos los hombres sois iguales. Os pierde el alcohol y las mujeres - me di la vuelta, dispuesta a irme de nuevo a mi habitación, pero su mano me agarró del brazo y me detuvo.
- No, Claire, por favor, perdóname. Te prometo que no estoy borracho, sólo me he tomado una cerveza antes de venir aquí. Te he llamado Anna porque así es como se llama mi hermana, con quién he estado hasta ahora. No he podido venir antes porque estaba con ella, consolándola. Su novio acaba de dejarla, después de dos años de relación y... bueno, ya sabes. Todas las chicas os tomáis las cosas muy a pecho.
Fruncí el ceño y, acto seguido, levanté una ceja. No sé por qué, algo me tenía mala pinta en este asunto. Pero sus ojos azules, clavados en los míos, mostraban arrepentimiento, así que no pude aguantar y sonreí.
- Está bien, no te preocupes. Pero vamos a cenar ya, por favor, no quiero volver muy tarde a casa.
- No te preocupes, lo tengo todo controlado - sonrió levemente, entrecerrando un poco los ojos. Acto seguido, me ofreció su brazo. Lo cogí y nos encaminamos al exterior del hotel.
Caminamos durante unos minutos en silencio. Nate me agarraba fuertemente del brazo, parecía no querer dejarme ir. Además, se balanceaba violentamente de un lado al otro, por lo que me costaba mantener el equilibrio.
- Nate, ¿estás seguro de que no has bebido nada? - pregunté, parándome a su lado y mirándolo con inseguridad.
- Que sí, ya te he dicho que no he bebido nada. ¿Podemos dejar de dar vueltas en círculos e ir hacia el restaurante?
- No estamos dando vueltas, Nate.
- Ah, ya, era sólo una broma - Nate reanudó su camino, tambaleándose cada vez más peligrosamente. Yo me adelanté y me coloqué frente a él, haciéndolo frenar.
- Para. Vamos a sentarnos aquí. No podemos ir por ahí contigo de esta forma.
- Estoy bien, Claire, no seas pesada.
- No, no estas bien. Te vas a sentar ahí ahora mismo y no te vas a mover hasta que yo lo diga, ¿vale? - tiré de la manga de su chaqueta para sentarlo junto a mi en el bordillo de la acera.
- Que no me voy a sentar - Nate elevó ligeramente la voz, pero no opuso demasiada resistencia. Aún así, la suficiente como para que me resultara difícil sentarlo en el suelo.
- Vamos, pon un poco de tu parte. Sentémonos aquí.
- ¡Que no me voy a sentar ahí, joder! - Nate comenzó a gritarme y a zarandearme bruscamente por los hombros. Ambos estábamos de pie, el uno frente al otro. Me sentía intimidada, puesto que él me sacaba algo más de una cabeza - No voy a obedecer lo que putas como tú me digan, ¿vale? Ahora estás conmigo, sí, pero ¿y cuando nos vayamos? Seguro que te vas con otro, igual que hiciste ayer con tu amiguito, ese que se creía tan machote, pero que al final era un cagado. Así que no, no voy a darte lo que quieres, no voy a dejar que vuelvas a ganar.
- ¿Hablas de Liam? ¿Qué le has hecho? - le espeté, mirándole con asco. De pronto, todo el miedo que minutos atrás había invadido mi cuerpo se esfumó. Si aquél tío le había hecho algo a Liam...
Nate me agarró por los hombros y me pegó junto a la pared del edificio más cercano. Después, se inclinó sobre mí, acercándose peligrosamente a mi rostro.
- Tranquilízate, bonita. Tú a mí no me puedes hablar así, ¿entiendes? - susurró en mi oído, con una voz que pretendía ser dulce, quizás para despistar, pero era como hablar con el mismísimo diablo - Tú ayer te liaste con el cabrón ese y pretendías hacerlo hoy conmigo, ¿verdad? Tenerlo todo bajo control, ¿me equivoco? - su aliento apestaba - Aquí el que manda soy yo, y vamos a hacer lo que yo diga - me revolví, intentando soltarme e irme de allí, pero Nate agarraba mis muñecas demasiado fuerte. Comenzó a darme húmedos besos en el cuello y ahí reaccioné. Levanté mi mano y le di una fuerte bofetada en la mejilla.
- ¡Suéltame imbécil! - una vez él se separó de mí, aproveché y le di una fuerte patada en sus partes bajas. Él, dolorido, se cayó al suelo, maldiciéndome por lo bajo - Eres asqueroso - sabía que estaba borracho, lo sabía. Quizás no fuera consciente de todo lo que decía pero, si lo dijo, será porque había estado dándole vueltas.
No tenía pensado perdonarle, sus palabras, sus gestos, sus maneras... me habían dolido. Y sobre Liam... tenía miedo. ¿Le habría hecho algo? Eso no lo sabía. Pero de lo que si que estaba segura era de que Liam había ido a hablar con él. Eso también sería difícil de perdonar. Estaba harta de que la gente se metiera en mi vida. No era la primera vez que pasaba, ya me había ocurrido en Manchester y ¿ahora? ¿en Londres? ¿Liam Payne?
Me sequé las lágrimas. Mi vida era una auténtica montaña rusa. ¿Por qué a veces las cosas salían tan bien y otras veces tan mal? ¿Es que no existía un término medio? Entonces entré, a las 23:59 pm, de nuevo en el hotel, dispuesta a hablar con todo aquel que tuviera que hablar y a arreglar las cosas de una vez por todas.
- ¿¡QUE QUÉ!? - Amy comenzó a gritar como una auténtica posesa, a la vez que se acercó a Lauren y la agarró por los hombros. Comenzó a zarandearla - Lauren, repite eso, porque creo que no te he escuchado bien.
- Estoy saliendo con Harry - repitió ésta, si cabe con la misma parsimonia que anteriormente.
Mientras Amy gesticulaba exageradamente, Claire y Caitlin se habían quedado con la boca abierta de par en par, flipando. Y, bueno, yo no me quedaba atrás. Movía las manos y trataba de decir algo, pero nada coherente me salía en esos instantes.
- Perdona, ¿qué? - pregunté yo entonces. Me acerqué a Lauren y la agarré levemente del brazo - Lauren, estás de broma, ¿verdad?
- No, - soltó una carcajada - os lo digo en serio. Estoy saliendo con Harry - repitió por tercera vez. Después, como que no quiere la cosa, caminó hasta el armario y lo abrió. Se dedicó durante al menos diez minutos a vaciar el contenido de su bolso dentro de éste, para después meter algunas prendas de ropa limpias. Nosotras, mientras tanto, la mirábamos atontadas - Ya os contaré todos los detalles - sonrió levemente, a la vez que volvía a dirigirse a la puerta de la habitación.
- ¿Qué? No, Lauren, ¡no puedes irte ahora y dejarnos así! - protestó Claire, frunciendo levemente el ceño.
- Lo sé, y lo siento chicas, pero es que he quedado con...
- Harry - la interrumpió Caitlin - Pues vete ya y vuelve pronto. La próxima vez que entres por esa puerta ten claro que no te dejaremos salir sin que nos cuentes nada - sonrió levemente.
- Gracias chicas, sois las mejores - nos mandó un beso por el aire - ¡Os quiero, hasta luego! - y, dicho esto, salió dando un portazo.
Las cuatro que quedábamos dentro estuvimos un rato calladas, o bien con la mirada perdida o bien lanzándonos miradas muy significativas.
- ¿Os lo podéis creer? - rompí el silencio al cabo de unos minutos.
- Yo no termino de hacerme a la idea - respondió Claire, sacudiendo levemente la cabeza.
- Pues yo sí, y además he quedado, ¡así que os veo por la noche! - para nuestra sorpresa, Amy se había vestido y arreglado en un abrir y cerrar de ojos, y salió por la puerta de la habitación antes de que nosotras pudiéramos decir nada.
Claire, Caitlin y yo nos miramos las unas a las otras, antes de echarnos a reír.
- ¿Y esta? ¿A dónde ha ido? - preguntó Claire.
- No tengo ni idea, pero a mi tampoco me apetece quedarme encerrada en la habitación todo el día. ¿Vamos a dar una vuelta? - propuse yo.
- Me apunto. Claire, ¿vienes? - contestó Caitlin, mientras que se ponía en pie.
- No, prefiero quedarme aquí. Estoy muy cansada y además, ya sabéis, hoy tengo la cena con Nate... - sonrió levemente.
- ¡Es cierto! Bueno, no te preocupes, sólo será un ratito. Volveremos a tiempo para ayudarte a arreglarte - le di un beso en la mejilla.
Caitlin y yo nos vestimos en un abrir y cerrar de ojos y, tras coger algo de dinero y nuestros móviles, salimos de la habitación. Caminamos por los pasillos vacíos del hotel y salimos a la calle. Comenzamos a caminar sin rumbo.
- ¿Algún lugar en especial al que quieras ir? - me preguntó, mientras caminábamos la una junto a la otra por una calle cercana a Oxford Street.
- Tú eliges, pero, por favor, no vayamos al centro comercial de Westfield Stratford - le rogué. Allí era dónde había estado metida con Audrey el día anterior. Ella rió levemente.
- Vale, tranquila, nos quedaremos por estas calles.
Y así fue. Nos recorrimos prácticamente todas las tiendas que había por la calle, desde Zara hasta HMV, a ponernos al día en CD's y DVD's, siempre riéndonos y gastándonos bromas la una a la otra.
- Va, venga, ¿nos acercamos hasta Abercrombie y nos sacamos una foto con el modelo de la puerta? - pregunté emocionada, agarrando a Caitlin de un brazo.
- Katie, ¿en serio? ¡Estoy agotada! ¡Llevamos toda la tarde sin parar!
- ¡Por favor, por favor, por favor! - le rogué - Sólo eso, después te prometo que nos sentaremos en un Starbucks durante tres horas seguidas, si quieres...
- Oye, ¿y no podríamos ir primero al Starbucks? Te prometo que después te sacarás tres fotos con el modelo, si quieres... - ambas nos echamos a reír a la vez.
- ¡Eres una vaga! Pero vale, tu ganas... hay uno muy cerca de Abercrombie, lo he visto el otro día. Vamos.
Nos dirigimos hacia el Starbucks sin dejar de hablar ni de hacer tonterías un solo segundo, pero una vez que llegamos allí, la sonrisa que llevaba dibujada en mi rostro desapareció de repente. Caitlin pareció notarlo, pero ella no había visto lo mismo que yo.
{Narra Caitlin}
- Caitlin, ¿lo has visto? Dime que no lo has visto, por favor - Katie comenzó a hablar apuradamente y con gesto serio.
- Katie, ¿ver el qué? Me estás asust... - me di la vuelta, mirando hacia el ventanal de la cafetería y me interrumpí a mi misma. Me había quedado con la boca ligeramente entreabierta.
¿El por qué? Louis y Audrey, Niall y Miranda, de modo muy cariñoso, compartían una mesa y tomaban algo parecido a un café. Giré la cabeza un momento para observar el semblante de Katie, que tenía los labios fruncidos y una expresión de decepción en el rostro.
- Bueno, estarán hablando. Ayer congeniaron muy bien. Son amigos - intentaba convencerme de algo que ni yo misma me creía. Supongo que era cuestión de aferrarse a algo.
- No, Caitlin, es que tú no has visto lo mismo que yo.
- ¿Cómo que no? - volví a girar mi cabeza hacia la cafetería, y entonces si lo vi. Niall, inclinado sobre Miranda, "comiéndole", literalmente, la boca. Parecía que el mundo se me echaba encima. Niall. Niall Horan. Ese chico del que yo era fan cuando estaba en Manchester. Ese chico del que me enamoré cuando vine a Londres. Ese chico con el que ni hacía veinticuatro horas estaba compartiendo paseos en barca, risas, besos... Ese chico ahora estaba besando a, si cabe, una de las personas que peor me ha tratado en toda mi vida, desde que éramos pequeñas en el colegio. ¿Mi enemiga? No, yo no tengo de eso. Pero, si los tuviera, estoy segura de que ella figuraría en esa lista. Tragué saliva sonoramente y agaché la mirada - ¿Sigue en pie lo del modelo de Abercrombie? - intenté como pude esbozar una sonrisa, pero no fui capaz.
Katie me miró y me rodeó con sus brazos, estrechándome contra ella.
- Si te soy sincera, se me han quitado las ganas. Volvamos al hotel, por favor - sonrió levemente, y yo a su vez.
- Claro, vamos.
Emprendimos el camino de vuelta al hotel en completo silencio. Sólo escuchábamos las fuertes voces de las personas que caminaban por las aceras y las ruidosas bocinas de los coches. Y, de pronto, un nuevo sonido se unió a la colección. Mi teléfono móvil comenzó a sonar, avisándome de la llegada de un SMS.
Mi sorpresa al leer el nombre de quién lo enviaba en la pequeña pantalla de la Blackberry fue enorme, pero provocó, segundos después, que una pequeña sonrisa se formara en mi rostro. Si, quizás no esperaba que fuera a enviarme un mensaje. Tampoco tenía la menor idea de lo que contendría el mismo. Pero quizás también, en aquellos momentos, aquello fuera lo que más necesitaba.
[Unas horas más tarde...]
{Narra Claire}
Miré mi reloj por enésima vez aquella noche. Ya eran las 10:45 pm, hacía una hora y cuarto que había quedado con Nate aquí, en el hall del hotel, y él no se había dignado a presentarse todavía. Estaba enfadada, muy enfadada. Por una parte, hacía ya tiempo que hubiera vuelto a la habitación pero, por otra, quería quedarme y decirle cuatro cositas. Bueno, eso si se dignaba a venir.
El tiempo continuaba pasando y, por fin, alrededor de las 11:15 pm, la puerta de entrada del hotel se abrió de golpe y por ella entró Nate. Pero no era el Nate que yo me esperaba encontrar. Éste llegaba sudoroso, despeinado y con la camisa arrugada. Tambaleándose, se acercó a mí.
- L-lo siento Anna - balbuceó de forma tan rápida que me resultó difícil entenderle.
- ¿Anna? - pregunté extrañada.
- Oh, perdona Claire, me he equivocado - Nate se acercó peligrosamente a mi rostro. Su aliento apestaba a alcohol. Repugnada, me alejé un par de pasos de él.
- Nate, llevo esperándote aquí durante más de una hora. Llegas tarde, borracho y, aún por encima, ¿me llamas Anna? - espeté, mirándole a los ojos - Creí que eras distinto, pero ya veo que todos los hombres sois iguales. Os pierde el alcohol y las mujeres - me di la vuelta, dispuesta a irme de nuevo a mi habitación, pero su mano me agarró del brazo y me detuvo.
- No, Claire, por favor, perdóname. Te prometo que no estoy borracho, sólo me he tomado una cerveza antes de venir aquí. Te he llamado Anna porque así es como se llama mi hermana, con quién he estado hasta ahora. No he podido venir antes porque estaba con ella, consolándola. Su novio acaba de dejarla, después de dos años de relación y... bueno, ya sabes. Todas las chicas os tomáis las cosas muy a pecho.
Fruncí el ceño y, acto seguido, levanté una ceja. No sé por qué, algo me tenía mala pinta en este asunto. Pero sus ojos azules, clavados en los míos, mostraban arrepentimiento, así que no pude aguantar y sonreí.
- Está bien, no te preocupes. Pero vamos a cenar ya, por favor, no quiero volver muy tarde a casa.
- No te preocupes, lo tengo todo controlado - sonrió levemente, entrecerrando un poco los ojos. Acto seguido, me ofreció su brazo. Lo cogí y nos encaminamos al exterior del hotel.
Caminamos durante unos minutos en silencio. Nate me agarraba fuertemente del brazo, parecía no querer dejarme ir. Además, se balanceaba violentamente de un lado al otro, por lo que me costaba mantener el equilibrio.
- Nate, ¿estás seguro de que no has bebido nada? - pregunté, parándome a su lado y mirándolo con inseguridad.
- Que sí, ya te he dicho que no he bebido nada. ¿Podemos dejar de dar vueltas en círculos e ir hacia el restaurante?
- No estamos dando vueltas, Nate.
- Ah, ya, era sólo una broma - Nate reanudó su camino, tambaleándose cada vez más peligrosamente. Yo me adelanté y me coloqué frente a él, haciéndolo frenar.
- Para. Vamos a sentarnos aquí. No podemos ir por ahí contigo de esta forma.
- Estoy bien, Claire, no seas pesada.
- No, no estas bien. Te vas a sentar ahí ahora mismo y no te vas a mover hasta que yo lo diga, ¿vale? - tiré de la manga de su chaqueta para sentarlo junto a mi en el bordillo de la acera.
- Que no me voy a sentar - Nate elevó ligeramente la voz, pero no opuso demasiada resistencia. Aún así, la suficiente como para que me resultara difícil sentarlo en el suelo.
- Vamos, pon un poco de tu parte. Sentémonos aquí.
- ¡Que no me voy a sentar ahí, joder! - Nate comenzó a gritarme y a zarandearme bruscamente por los hombros. Ambos estábamos de pie, el uno frente al otro. Me sentía intimidada, puesto que él me sacaba algo más de una cabeza - No voy a obedecer lo que putas como tú me digan, ¿vale? Ahora estás conmigo, sí, pero ¿y cuando nos vayamos? Seguro que te vas con otro, igual que hiciste ayer con tu amiguito, ese que se creía tan machote, pero que al final era un cagado. Así que no, no voy a darte lo que quieres, no voy a dejar que vuelvas a ganar.
- ¿Hablas de Liam? ¿Qué le has hecho? - le espeté, mirándole con asco. De pronto, todo el miedo que minutos atrás había invadido mi cuerpo se esfumó. Si aquél tío le había hecho algo a Liam...
Nate me agarró por los hombros y me pegó junto a la pared del edificio más cercano. Después, se inclinó sobre mí, acercándose peligrosamente a mi rostro.
- Tranquilízate, bonita. Tú a mí no me puedes hablar así, ¿entiendes? - susurró en mi oído, con una voz que pretendía ser dulce, quizás para despistar, pero era como hablar con el mismísimo diablo - Tú ayer te liaste con el cabrón ese y pretendías hacerlo hoy conmigo, ¿verdad? Tenerlo todo bajo control, ¿me equivoco? - su aliento apestaba - Aquí el que manda soy yo, y vamos a hacer lo que yo diga - me revolví, intentando soltarme e irme de allí, pero Nate agarraba mis muñecas demasiado fuerte. Comenzó a darme húmedos besos en el cuello y ahí reaccioné. Levanté mi mano y le di una fuerte bofetada en la mejilla.
- ¡Suéltame imbécil! - una vez él se separó de mí, aproveché y le di una fuerte patada en sus partes bajas. Él, dolorido, se cayó al suelo, maldiciéndome por lo bajo - Eres asqueroso - sabía que estaba borracho, lo sabía. Quizás no fuera consciente de todo lo que decía pero, si lo dijo, será porque había estado dándole vueltas.
No tenía pensado perdonarle, sus palabras, sus gestos, sus maneras... me habían dolido. Y sobre Liam... tenía miedo. ¿Le habría hecho algo? Eso no lo sabía. Pero de lo que si que estaba segura era de que Liam había ido a hablar con él. Eso también sería difícil de perdonar. Estaba harta de que la gente se metiera en mi vida. No era la primera vez que pasaba, ya me había ocurrido en Manchester y ¿ahora? ¿en Londres? ¿Liam Payne?
Me sequé las lágrimas. Mi vida era una auténtica montaña rusa. ¿Por qué a veces las cosas salían tan bien y otras veces tan mal? ¿Es que no existía un término medio? Entonces entré, a las 23:59 pm, de nuevo en el hotel, dispuesta a hablar con todo aquel que tuviera que hablar y a arreglar las cosas de una vez por todas.
sábado, 19 de mayo de 2012
Capítulo 24.
¡Hoooooola! Este capítulo es cortísimo no, lo siguiente y un poco aburrido. LO SÉ, pero es que este mes apenas he tenido tiempo para escribir, ya que además de los exámenes, trabajos y demás historias, tuve a una niña de intercambio en casa, así que bueno... me entendéis, ¿verdad? Por eso, aunque este capítulo es cortito, quería subirlo. Me pondré ya a escribir el siguiente e intentaré subirlo lo antes posible :)
Gracias, lo siento, y ya no me enrollo más y os dejo con el capítulo :3
{Narra Claire}
- ¡Claire! ¿Eres tú? - caminaba de la mano de Liam, sumida en mis pensamientos, mientras una sonrisita de tonta enamorada inundaba mi rostro cuando, de repente, una voz me sorprendió. Me sonaba bastante, mucho. Y normal. Era él. Nate. Aquel atractivo chico rubito y desaliñado que no había conocido hacía demasiado en su habitación del hotel. Sonreí aún más efusivamente, al darme cuenta de que de él se trataba.
- ¡Nate! No esperaba volver a verte, la verdad - reí nerviosamente, a la vez que soltaba la mano de Liam y acortaba los pasos que había entre nosotros. Le di dos besos y me volví a separar, sonriendo dulcemente.
- Yo tampoco lo esperaba, pero por suerte, me has alegrado el día.
- Pues si te lo he alegrado yo, no ha debido de ser muy bueno, vamos - bromeé.
- Tú le alegrarías el día a cualquiera, Claire - dijo muy seriamente, mirándome a los ojos. Yo enrojecí violentamente, a la vez que agachaba la mirada. Me volteé con disimulo para observar a Liam, que se encontraba a mi lado y tenía los labios fruncidos y expresión ceñuda.
- Eh... esto, Nate, por cierto, te presento a Liam - cambié de tema con descaro. Aquel tipo de situaciones me ponían muy nerviosa y me hacían titubear. Nate miró a Liam de arriba a abajo y después sonrió de lado.
- Ah, hola... tú, ¿es tu novio? - inquirió, casi atravesándome con su penetrante mirada.
- No, no es mi n...
- No, sólo soy su amigo. ¿Eres tú su novio? - preguntó Liam secamente, interrumpiéndome. Yo le miré alzando las dos cejas.
- Amigos - dijo Nate y, tras contestarle tan brevemente, volvió a dirigirse hacia mí, ignorando por completo la presencia de Liam - A propósito, Claire. Sólo me quedan dos noches más en Londres... ¿podría tener el honor de cenar contigo mañana?
¿En serio? ¿De verdad Nate, mi guapísimo vecino de habitación, el cual era bastante más mayor que yo, estaba pidiéndome una cita? Me costaba creerlo. Nunca había tenido demasiada suerte con los chicos en Manchester... y ahora mira.
- Creo que mañana tiene el día ocupado... y pasado mañana también - Liam respondió por mí, frunciendo el ceño. Yo me volteé hacia él, con gesto sorprendido.
- No, no, no. Mañana no estoy ocupada - dicho esto, miré a Nate - Claro, será un placer cenar contigo. ¿A las 9:30 pm aquí? - le sonreí.
- A las 9:30 pm aquí. Nos vemos - me guiñó un ojo y se dirigió hacia la puerta del hotel, para después desaparecer tras ella.
Liam y yo nos quedamos quietos durante apenas unos segundos; él refunfuñando sabía Dios el qué por lo bajo y yo todavía anonadada. Cuando reaccioné, emprendí mi camino hacia la habitación. Liam se colocó junto a mí, sin decir una palabra. Ambos caminamos hasta el ascensor y entramos en él. Por suerte, iba vacío.
{Narra Liam}
- ¿Por qué has contestado por mí? - murmuró Claire de pronto, sin levantar la mirada del suelo.
Tardé unos segundos en contestar.
- No he respondido por ti. Simplemente creí que íbamos a volver a quedar con los demás o, al menos, nosotros dos solos.
- Estás celoso - observé el rostro de la chica, que sonreía de lado, esta vez mirándome a la cara.
- ¿Qué? ¿Celoso? Yo no he dicho eso.
- Pero lo he dicho yo. Estás celoso porque Nate me ha pedido una cita.
- No estoy celoso.
- Sí que lo estas.
- Que no.
- Que si - las puertas del ascensor se abrieron y Claire se apresuró a salir, pero enseguida la alcancé.
- No estoy celoso. Soy Liam Payne, podría tener a cualquier chica que quisiera.
- Oh, vamos, no me vengas con esas historias, Liam. No van contigo. Me lo creería de Harry o incluso de Louis, pero de ti no - elevó ligeramente la voz, para después reírse.
- Bah, di lo que quieras. Es más, no me importa que no quedes conmigo, ya tenía planes con Danielle - esperaba por todos los medios que eso consiguiera fastidiarla. ¿El por qué? Ni yo mismo lo sabía.
Ella, al contrario de mis expectativas, se echó a reír. Ya habíamos llegado a la puerta de su habitación y había comenzado a introducir la llave en la cerradura, pero se dio la vuelta rápidamente y me dio un beso en la mejilla.
- Haz lo que quieras, pero sé que sigues estando celoso - y tras dedicarme una bonita sonrisa que ocupó todo su rostro, desapareció en el interior de la habitación.
[A la mañana siguiente]
{Narra Amy}
Los rayos de sol que se filtraban a través de las delgadas cortinas de la habitación y que me hacían cosquillas en la cara, terminaron al fin de despertarme. Bostecé sonoramente y me incorporé un poco sobre la cama, para ver la hora que era. Las 12:40 pm. ¿Ya? Si que había dormido, y eso que no me había acostado tan tarde.
Recordaba haber subido a la habitación como una exhalación, dónde me encontré a Katie y Caitlin. Ellas no estaban demasiado contentas, pero yo, emocionada, les conté todo lo que me había pasado con Zayn. Se alegraron por mí, pero como no me hacían mucho caso, terminé por aburrirme y me fui a dormir. Ellas no tardaron en hacerlo tampoco. De quienes no sabía nada era de Claire y de Lauren.
Me levanté de un salto, sin molestarme en caminar cuidadosamente para no despertar a Katie, que dormía junto a mí, y fui a la habitación contigua. Allí estaban Caitlin y Claire. Pero, ¿y Lauren? ¿Dónde estaba Lauren?
Volví a mi habitación y salté sobre la cama a la vez que cogía el móvil de la mesilla de noche. Ignoré los gruñidos que Katie me dedicó por haberla despertado y encendí el teléfono. Tenía un SMS. Sonreí al ver quién me lo mandaba.
Le contesté rápidamente con otro SMS.
Ojeé las novedades que tenía en twitter mientras esperaba la contestación de Zayn, que no tardó mucho en llegar.
Sonreí emocionada y dejé el móvil sobre la mesilla mientras me giraba hacia las chicas, que ya estaban todas despiertas y sentadas sobre la cama de Katie. Hablaban sobre Audrey, Miranda, Niall y Lou, y no parecían muy contentas. Las interrumpí bruscamente, elevando bastante el tono de voz.
- Oye, chicas, ¿dónde está Lauren?
- ¿Lauren...? - preguntó Caitlin, mirándome. Todavía estaba medio dormida y le costaba pillar las cosas - ¡Buah, Lauren! No ha dormido hoy aquí, ¿creéis que... - no le dio tiempo a terminar la frase, puesto que un ruido de llaves nos sorprendió a todas. Miramos expectantes hacia la puerta y observamos a una sonriente Lauren entrar por ella. Vestía la misma ropa de ayer, pero estaba contenta.
- ¡Hablando del rey de Roma! - exclamé, mientras me ponía de pie sobre la cama. Lauren me miró extrañada - Lauren, cariño, ¿qué horas son estas de llegar? Más te vale traer una buena excusa, porque si no... - no me dio tiempo a terminar la frase, ya que Lauren me interrumpió.
- Estoy saliendo con Harry.
Gracias, lo siento, y ya no me enrollo más y os dejo con el capítulo :3
{Narra Claire}
- ¡Claire! ¿Eres tú? - caminaba de la mano de Liam, sumida en mis pensamientos, mientras una sonrisita de tonta enamorada inundaba mi rostro cuando, de repente, una voz me sorprendió. Me sonaba bastante, mucho. Y normal. Era él. Nate. Aquel atractivo chico rubito y desaliñado que no había conocido hacía demasiado en su habitación del hotel. Sonreí aún más efusivamente, al darme cuenta de que de él se trataba.
- ¡Nate! No esperaba volver a verte, la verdad - reí nerviosamente, a la vez que soltaba la mano de Liam y acortaba los pasos que había entre nosotros. Le di dos besos y me volví a separar, sonriendo dulcemente.
- Yo tampoco lo esperaba, pero por suerte, me has alegrado el día.
- Pues si te lo he alegrado yo, no ha debido de ser muy bueno, vamos - bromeé.
- Tú le alegrarías el día a cualquiera, Claire - dijo muy seriamente, mirándome a los ojos. Yo enrojecí violentamente, a la vez que agachaba la mirada. Me volteé con disimulo para observar a Liam, que se encontraba a mi lado y tenía los labios fruncidos y expresión ceñuda.
- Eh... esto, Nate, por cierto, te presento a Liam - cambié de tema con descaro. Aquel tipo de situaciones me ponían muy nerviosa y me hacían titubear. Nate miró a Liam de arriba a abajo y después sonrió de lado.
- Ah, hola... tú, ¿es tu novio? - inquirió, casi atravesándome con su penetrante mirada.
- No, no es mi n...
- No, sólo soy su amigo. ¿Eres tú su novio? - preguntó Liam secamente, interrumpiéndome. Yo le miré alzando las dos cejas.
- Amigos - dijo Nate y, tras contestarle tan brevemente, volvió a dirigirse hacia mí, ignorando por completo la presencia de Liam - A propósito, Claire. Sólo me quedan dos noches más en Londres... ¿podría tener el honor de cenar contigo mañana?
¿En serio? ¿De verdad Nate, mi guapísimo vecino de habitación, el cual era bastante más mayor que yo, estaba pidiéndome una cita? Me costaba creerlo. Nunca había tenido demasiada suerte con los chicos en Manchester... y ahora mira.
- Creo que mañana tiene el día ocupado... y pasado mañana también - Liam respondió por mí, frunciendo el ceño. Yo me volteé hacia él, con gesto sorprendido.
- No, no, no. Mañana no estoy ocupada - dicho esto, miré a Nate - Claro, será un placer cenar contigo. ¿A las 9:30 pm aquí? - le sonreí.
- A las 9:30 pm aquí. Nos vemos - me guiñó un ojo y se dirigió hacia la puerta del hotel, para después desaparecer tras ella.
Liam y yo nos quedamos quietos durante apenas unos segundos; él refunfuñando sabía Dios el qué por lo bajo y yo todavía anonadada. Cuando reaccioné, emprendí mi camino hacia la habitación. Liam se colocó junto a mí, sin decir una palabra. Ambos caminamos hasta el ascensor y entramos en él. Por suerte, iba vacío.
{Narra Liam}
- ¿Por qué has contestado por mí? - murmuró Claire de pronto, sin levantar la mirada del suelo.
Tardé unos segundos en contestar.
- No he respondido por ti. Simplemente creí que íbamos a volver a quedar con los demás o, al menos, nosotros dos solos.
- Estás celoso - observé el rostro de la chica, que sonreía de lado, esta vez mirándome a la cara.
- ¿Qué? ¿Celoso? Yo no he dicho eso.
- Pero lo he dicho yo. Estás celoso porque Nate me ha pedido una cita.
- No estoy celoso.
- Sí que lo estas.
- Que no.
- Que si - las puertas del ascensor se abrieron y Claire se apresuró a salir, pero enseguida la alcancé.
- No estoy celoso. Soy Liam Payne, podría tener a cualquier chica que quisiera.
- Oh, vamos, no me vengas con esas historias, Liam. No van contigo. Me lo creería de Harry o incluso de Louis, pero de ti no - elevó ligeramente la voz, para después reírse.
- Bah, di lo que quieras. Es más, no me importa que no quedes conmigo, ya tenía planes con Danielle - esperaba por todos los medios que eso consiguiera fastidiarla. ¿El por qué? Ni yo mismo lo sabía.
Ella, al contrario de mis expectativas, se echó a reír. Ya habíamos llegado a la puerta de su habitación y había comenzado a introducir la llave en la cerradura, pero se dio la vuelta rápidamente y me dio un beso en la mejilla.
- Haz lo que quieras, pero sé que sigues estando celoso - y tras dedicarme una bonita sonrisa que ocupó todo su rostro, desapareció en el interior de la habitación.
[A la mañana siguiente]
{Narra Amy}
Los rayos de sol que se filtraban a través de las delgadas cortinas de la habitación y que me hacían cosquillas en la cara, terminaron al fin de despertarme. Bostecé sonoramente y me incorporé un poco sobre la cama, para ver la hora que era. Las 12:40 pm. ¿Ya? Si que había dormido, y eso que no me había acostado tan tarde.
Recordaba haber subido a la habitación como una exhalación, dónde me encontré a Katie y Caitlin. Ellas no estaban demasiado contentas, pero yo, emocionada, les conté todo lo que me había pasado con Zayn. Se alegraron por mí, pero como no me hacían mucho caso, terminé por aburrirme y me fui a dormir. Ellas no tardaron en hacerlo tampoco. De quienes no sabía nada era de Claire y de Lauren.
Me levanté de un salto, sin molestarme en caminar cuidadosamente para no despertar a Katie, que dormía junto a mí, y fui a la habitación contigua. Allí estaban Caitlin y Claire. Pero, ¿y Lauren? ¿Dónde estaba Lauren?
Volví a mi habitación y salté sobre la cama a la vez que cogía el móvil de la mesilla de noche. Ignoré los gruñidos que Katie me dedicó por haberla despertado y encendí el teléfono. Tenía un SMS. Sonreí al ver quién me lo mandaba.
Hola fea. Todavía estoy enfadado contigo por lo mal que me trataste ayer, lo dejo caer.
Zayn.
Le contesté rápidamente con otro SMS.
Oh, no me digas eso, que me siento mal. ¿Quedamos para comer y así podré pedirte perdón? Yo invito :) xx
Ojeé las novedades que tenía en twitter mientras esperaba la contestación de Zayn, que no tardó mucho en llegar.
A las 13:30 pm en la puerta del hotel ;)
Sonreí emocionada y dejé el móvil sobre la mesilla mientras me giraba hacia las chicas, que ya estaban todas despiertas y sentadas sobre la cama de Katie. Hablaban sobre Audrey, Miranda, Niall y Lou, y no parecían muy contentas. Las interrumpí bruscamente, elevando bastante el tono de voz.
- Oye, chicas, ¿dónde está Lauren?
- ¿Lauren...? - preguntó Caitlin, mirándome. Todavía estaba medio dormida y le costaba pillar las cosas - ¡Buah, Lauren! No ha dormido hoy aquí, ¿creéis que... - no le dio tiempo a terminar la frase, puesto que un ruido de llaves nos sorprendió a todas. Miramos expectantes hacia la puerta y observamos a una sonriente Lauren entrar por ella. Vestía la misma ropa de ayer, pero estaba contenta.
- ¡Hablando del rey de Roma! - exclamé, mientras me ponía de pie sobre la cama. Lauren me miró extrañada - Lauren, cariño, ¿qué horas son estas de llegar? Más te vale traer una buena excusa, porque si no... - no me dio tiempo a terminar la frase, ya que Lauren me interrumpió.
- Estoy saliendo con Harry.
martes, 8 de mayo de 2012
Capítulo 23.
{Narra Katie}
- Entonces, ¿me queda bien? - Audrey volvió a dar una vuelta sobre sí misma, mostrándome un horrible vestido color verde caqui. Era ajustado en la zona del pecho y dejaba un hombro al descubierto, pero la parte de abajo estaba llena de enormes volantes. Espantoso, o al menos para mi gusto.
- Eh, sí, estás estupenda - mentí descaradamente. Tampoco es que estuviera prestándole demasiada atención, para qué vamos a engañarnos. Llevábamos desde las dos de la tarde yendo de tienda en tienda, viendo como ella se probaba vestidos mientras yo debía darle el visto bueno. Ya eran las nueve. ¿7 horas? No, eso no podía ser sano. Por otro lado, estaba Louis... todo resultaba tan irreal, tan... extraño.
[Flashback]
- ¡Katieeeeeeeeeeee! Katie, ¿eres tú? - una estruendosa y, desgraciadamente, conocida voz femenina resonó en mis oídos. Se encontraba a pocos metros de dónde estábamos Louis y yo. Louis Tomlinson. Yo. Besándonos. Lo aparté de un empujón y lo miré a los ojos, asustada. Él entendió mi mirada y, tras ponerse la capucha hábilmente con una mano, se dio la vuelta y desapareció en la esquina de la calle. Me quedé parada, mirando por dónde se había ido, cuando una mano se posó sobre mi hombro y una figura femenina se colocó delante mía. Por desgracia, la conocía a la perfección - ¡Katie, cuánto tiempo! ¿No era que estabas en Oxford? - me apretujó dándome un abrazo.
- Eh... hola Audrey, sí, tú misma lo has dicho, estaba... pero hubo un percance y tuvimos que volver - la separé de mí, disimuladamente.
- ¿Un percance? ¿Qué pa...?
- Largo de explicar - la interrumpí. Miré nerviosamente a mi alrededor.
- Bueno, dudo que sea importante. A propósito, que te he visto muy pegada a ese chico... - me guiñó un ojo.
- ¿A-a ese... ese chico? - la miré a los ojos, tragando saliva sonoramente. Por favor, que no lo haya reconocido, por favor, por favor.
- Si, ese que te estaba besando, que se acaba de ir muy rápido por ahí - señaló el final de la calle - ¿Lo conozco de algo? Su cara me suena bastante...
- No, no lo conoces de nada. Es de aquí, por lo que es imposible.
- Así que un inglesito, ¿eh, pillina? No eliges nada mal. ¿Y por qué no me lo has presentado? Sabes que me encanta conocer gente nueva - volvió a guiñarme un ojo. Claro que lo sabía, puta, claro que lo sabía.
- Tenía prisa. Le estaban esperando para... - piensa, rápido - para una comida familiar.
- Ah, entiendo... bueno, otra vez será, ¿nos vamos de compras?
[Fin del flashback]
Y allí estaba, apoyada en la pared próxima a una esquina de la tienda, esperando a que Audrey saliera de nuevo del probador. Algo me había dicho de que se iría de fiesta próximamente, pero lo cierto es que no le presté demasiada atención.
De pronto, Stereo Hearts sonó a todo volumen en mi teléfono. Alguien me llamaba. Saqué el móvil del bolsillo de mi cazadora y sonreí levemente al ver el nombre que aparecía en la pantalla. Era Louis.
[Conversación telefónica]
- ¿Si? - contesté.
- Ey, tú, ¿qué tal lo llevas? - su voz tenía un tono divertido.
- Mira, Louis, mejor cállate eh... ¡me has dejado sola! ¡Esto es horrible!
- Eh, ¿qué pretendías que hiciera? - se rió - Soy Louis Tomlinson, no podía dejar que tu amiguita me viera y se volviera loca.
- Bueno, y yo soy Katie Collins y tampoco me merezco tal sufrimiento - escuché su risa al otro lado del aparato - En serio, es horrible. Las primeras horas fueron soportables pero ahora... no sé, no me siento cómoda.
- Eres una exagerada, a saber con cuántas bolsas me vienes - sonreí levemente. Era una sonrisa de suficiencia, moría por ver su cara cuando me viera con las manos vacías. A ver qué se iba a creer éste... - Venga, en dos minutos estaré en la puerta, hasta ahora - y tras decir eso, colgó.
[Fin de la conversación telefónica]
¿En serio? ¿Venía a buscarme? Me costaba creerlo... todo aquello era demasiado bonito para ser cierto.
De repente, la voz de Audrey me sacó de mis pensamientos.
- Cielo, ¿te gusta esta falda? - levanté la cabeza de golpe, pues estaba mirando el suelo, y sólo acerté a ver una ajustada falda de tubo color azul eléctrico. Lo cierto es que era bonita, y no le quedaba mal...
- Si... aunque prefiero el vestido de antes - lo sé, era demasiado mala. Pero ella también lo había sido un día conmigo, así que se lo merecía - A propósito, Audrey, tengo que irme ya. Me están esperando fuera para recogerme y...
- ¿¡Tu novio!? Espera, ¡te acompaño! - volvió a entrar en el probador para cambiarse.
- No es mi novio... - murmuré, aunque con un tono de voz lo suficientemente alto como para que me escuchara desde dentro - Es tarde, Audrey, tengo que irme ya, te lo presentaré otro día, te lo prome... - pero la chica no me dio tiempo ni a terminar la frase, puesto que salió ya cambiada y con multitud de distintas prendas de ropa en las manos.
- No, no, no, ya estoy lista. Vendré mañana por la mañana a comprar el vestido - dejó la montaña de ropa sobre una mesa y me agarró de la mano - Andando, que es tarde.
Y, tras resoplar, de forma resignada, la seguí hacia la salida del centro comercial. La calle estaba prácticamente desierta, tan sólo había una pareja de enamorados en una esquina dándose el lote. Bueno, y el coche de Louis. Con Louis dentro. Me hizo un gesto con la mano, con lo que entendí que me preguntaba por qué estaba ella aquí. Pero Audrey se lo tomó como un saludo, y, tras levantar la mano y saludarle efusivamente con una gran sonrisa, se acercó algunos pasos hacia el coche.
- ¿Qué hace? ¿Por qué no sale a saludarnos? - preguntó la chica, girándose hacia mí, con gesto confundido.
- Eh... es que es muy tímido... - comencé a decir, pero fui otra vez cortada por ella.
- ¿Tímido? Bah, qué tontería... pues tendré que ir yo a presentarme, entonces - reemprendió el paso hacia el coche de Louis. Yo me maldije a mi misma. Si se creaba escándalo público, sería únicamente por mi culpa...
Pero, de repente, unas escandalosas carcajadas llamaron mi atención y, por suerte, la de Audrey. Provenían del final de la calle y se aproximaban cada vez más a nosotros. Entorné los ojos, intentando descubrir quienes eran aquellos que se acercaban. Y al final los vi, tres figuras humanas, dos femeninas, a los lados, y una masculina, en el centro. Reconocí inmediatamente a la de la izquierda, era imposible no hacerlo, puesto que la conocía desde que ambas íbamos en pañales. Efectivamente, era Caitlin, que caminaba con los brazos en jarras, ya fuera por el aire frío que comenzaba a soplar a estas horas de la noche como por el enfado que su rostro reflejaba a la perfección. A su lado iba Niall, riéndose a carcajadas por algo que había dicho ¿Miranda? ¿Realmente era ella? Algo no cuadraba... Era Niall, Niall Horan. Y, que yo supiera, Miranda era directioner... ¿por qué actuaba con tanta naturalidad?
Sin pensármelo dos veces caminé hacia Caitlin.
- ¿Qué ha pasado? - susurré, de forma que sólo ella pudiera oírme.
- El día no podía ser más perfecto: me había ido de excursión con Niall, nos habíamos reído, habíamos bromeado, me había besado... y cuando volvimos, nos encontramos nada más y nada menos que con Miranda.
- ¿¡Te ha besado!? - no pude evitar elevar mi volumen de voz, a lo que Caitlin reaccionó tapándome la boca con una mano. Por suerte, Niall, Miranda y Audrey estaban muy enfrascados dentro de su propia e interesante conversación.
- ¡Shh! No grites tanto... - susurró. Me quitó la mano de la boca lentamente - Sí, pero ahora eso es lo de menos. Vámonos ya, por favor. Niall no sabe que estoy enamorada de él y, quieras que no, me duele verlo tonteando con otra.
- Caitlin, no seas exagerada... no están tonteando, sólo están hablando.
- ¿Quieres quedarte a ver como Audrey les lame el culo a todos? - dijo muy secamente. Me giré hacia el otro grupito, y pude alcanzar a ver el momento en que Audrey revolvía el pelo de Niall sensualmente, o, al menos, eso creía que intentaba.
- No, vámonos. Louis está en el coche, le diré que nos lleve a casa.
Sin despedirnos si quiera, ambas avanzamos el corto recorrido que había hasta dónde el coche estaba estacionado. Cuando abrí la puerta y me senté en el asiento del copiloto, me di cuenta de la leve sonrisa picarona que Louis tenía grabada en su rostro, mientras que su miraba estaba fija en el grupito de fuera.
- Eo, Tierra llamando a Louis - moví las manos haciendo aspavientos para que reaccionara. Él se giró hacia mí durante un par de segundos para después volver a observar a Niall, Audrey y Miranda - ¿Qué te pasa?
- Dices que esas son vuestras amiguitas, ¿no? - la voz de Louis sonaba distinta. No parecía él.
- Eh, sí, son esas... ¿por qué lo dices? - respondí un tanto extrañada.
- Oh, nada. Simplemente, creo que no presentarme sería de mala educación, ya me entiendes - y, dicho esto, me guiñó un ojo y salió del coche, dejándonos a Caitlin y a mí solas.
{Narra Zayn}
- Eres un miedica, Zayn, mira que no querer montarte en la montaña rusa... - Amy no había dejado de meterse conmigo en toda la tarde. Tras habernos separado de los demás había decidido llevarla a un parque de atracciones. Y maldito el momento en que lo hice. Mi plan era montarnos en las tacitas, disparar a un blanco y conseguir peluches o conducir los coches de choque. ¿Y lo que quería ella? Todo lo contrario. Ella quería montarse en la montaña rusa más alta de todo el parque, que tenía, sobra decirlo, loopings. Y las odio, las odio absolutamente, con todas mis fuerzas. Es algo que me ocurre desde pequeño. Me dan muchísimo miedo.
- Es un trauma infantil, Amy, no deberías meterte conmigo de esa forma... - contesté, poniendo cara de pena. En el fondo, me daba igual lo que se metiera conmigo, de hecho, hasta me hacía gracia.
- Oh, vamos, no seas exagerado, ya pareces Claire.
- Eres mala conmigo, ¿eh?
- En el fondo te encanta que sea así.
- ¿Por qué estás tan segura de ello?
- Llámalo intuición o como quieras, pero estoy segurísima.
- Vaya, vaya... poco creída, dices, ¿no?
- ¡Me lo negarás! - estalló en una carcajada, tan característico en ella. Podría pasarme horas escuchando su risa. ¿Y si era cierto? ¿Qué?
Aproveché que habíamos llegado a la puerta de su hotel para alejarme un par de pasos de ella y sonreír levemente.
- ¡Eres una creída! - me reí, a su vez - Pues hala, aquí te quedas, yo me voy - fingí estar enfadado y me di la vuelta, dispuesto a marcharme.
- ¡Eh, espera! - me di la vuelta, intentando reprimir una sonrisa. Amy me miraba con sus enormes ojos color miel abiertos de par en par, sonriendo de una forma muy dulce - ¿No me vas a dar ni siquiera dos besos?
Ahora si que no pude evitarlo, sonreí. Era adorable, ¿no lo era?
Me quedé quieto durante unos cuántos segundos, meditando sobre lo que debería o no hacer. Los dos besos se los iba a dar, eso estaba claro, pero...
Sí. Me acerqué a ella con decisión, acortando los pasos de distancia que nos separaban y, sin darle tiempo a reaccionar, me incliné sobre ella y le di dos besos cortos en sus labios. Acto seguido, me separé, sonriendo triunfalmente, y observando la cara de sorpresa que se le había quedado a la chica.
- No te había pedido que me dieras los dos besos ahí... - murmuró ésta, en un aparente estado de shock.
- ¿Ah no? Creí que era lo que querías... En fin, en ese caso, bórratelos - sonreí de lado. Las cosas estaban yendo como yo quería, si señor.
- A ver, señorito Zayn "Inteligente" Malik, ¿cómo me los voy a borrar? - se cruzó de brazos con gesto divertido.
- Pues así - me pasé el dorso de la mano por la boca, como limpiando una mancha invisible. Ella rió levemente y me imitó - Oh, pero vamos... ¿me has hecho caso? Te has borrado los besos...
- Así es, chico listo - volvió a reír. Yo sonreí levemente.
- Es una pena, ya que entonces te los tendré que volver a dar... - y dicho esto y sin darle tiempo a responder, volví a acercarme a ella y la besé más intensamente. Unos cuantos segundos más tarde, me separé de ella y observé su reacción. Era prácticamente la misma de antes, si cabe más sorprendida aún - Hasta luego, Amy - reí levemente y, tras guiñarle un ojo, me di la vuelta, marchándome del hotel.
[11 p.m.]
{Narra Liam}
Pagué la cantidad indicada al taxista y ambos nos bajamos del coche. Había sido una noche increíble, para qué negarlo. Había besado a Claire, de lo cual no me arrepentía para nada, y después nos habíamos pasado toda la noche hablando de nosotros, de nuestros amigos, familias, ciudades o de, simplemente, cosas sin importancia. Pero ya eran casi las once de la noche y al día siguiente tenía que madrugar, puesto que teníamos ensayo de la banda.
Cogí a Claire de la mano para entrar en el hotel, y ella se giró hacia mí y me sonrió. Lo que sentía por dentro era muy raro, muy difícil de explicar. Hacía tiempo que no lo sentía con nadie, concretamente, desde el día en que había conocido a Danielle. ¿Lo que éramos? Nadie lo sabía, ni siquiera nosotros. No hacía demasiado que había terminado con Danielle, y todavía éramos buenos amigos, por lo que no quería estropear nuestra amistad. Y, por parte de Claire... bueno, lo cierto es que no tenía ni idea. Ella era de Manchester, por lo que me imagino que en Londres no tendría a nadie, ¿no?
Y, de pronto, una voz masculina me sacó de mis pensamientos.
- ¡Claire! ¿Eres tú?.
- Entonces, ¿me queda bien? - Audrey volvió a dar una vuelta sobre sí misma, mostrándome un horrible vestido color verde caqui. Era ajustado en la zona del pecho y dejaba un hombro al descubierto, pero la parte de abajo estaba llena de enormes volantes. Espantoso, o al menos para mi gusto.
- Eh, sí, estás estupenda - mentí descaradamente. Tampoco es que estuviera prestándole demasiada atención, para qué vamos a engañarnos. Llevábamos desde las dos de la tarde yendo de tienda en tienda, viendo como ella se probaba vestidos mientras yo debía darle el visto bueno. Ya eran las nueve. ¿7 horas? No, eso no podía ser sano. Por otro lado, estaba Louis... todo resultaba tan irreal, tan... extraño.
[Flashback]
- ¡Katieeeeeeeeeeee! Katie, ¿eres tú? - una estruendosa y, desgraciadamente, conocida voz femenina resonó en mis oídos. Se encontraba a pocos metros de dónde estábamos Louis y yo. Louis Tomlinson. Yo. Besándonos. Lo aparté de un empujón y lo miré a los ojos, asustada. Él entendió mi mirada y, tras ponerse la capucha hábilmente con una mano, se dio la vuelta y desapareció en la esquina de la calle. Me quedé parada, mirando por dónde se había ido, cuando una mano se posó sobre mi hombro y una figura femenina se colocó delante mía. Por desgracia, la conocía a la perfección - ¡Katie, cuánto tiempo! ¿No era que estabas en Oxford? - me apretujó dándome un abrazo.
- Eh... hola Audrey, sí, tú misma lo has dicho, estaba... pero hubo un percance y tuvimos que volver - la separé de mí, disimuladamente.
- ¿Un percance? ¿Qué pa...?
- Largo de explicar - la interrumpí. Miré nerviosamente a mi alrededor.
- Bueno, dudo que sea importante. A propósito, que te he visto muy pegada a ese chico... - me guiñó un ojo.
- ¿A-a ese... ese chico? - la miré a los ojos, tragando saliva sonoramente. Por favor, que no lo haya reconocido, por favor, por favor.
- Si, ese que te estaba besando, que se acaba de ir muy rápido por ahí - señaló el final de la calle - ¿Lo conozco de algo? Su cara me suena bastante...
- No, no lo conoces de nada. Es de aquí, por lo que es imposible.
- Así que un inglesito, ¿eh, pillina? No eliges nada mal. ¿Y por qué no me lo has presentado? Sabes que me encanta conocer gente nueva - volvió a guiñarme un ojo. Claro que lo sabía, puta, claro que lo sabía.
- Tenía prisa. Le estaban esperando para... - piensa, rápido - para una comida familiar.
- Ah, entiendo... bueno, otra vez será, ¿nos vamos de compras?
[Fin del flashback]
Y allí estaba, apoyada en la pared próxima a una esquina de la tienda, esperando a que Audrey saliera de nuevo del probador. Algo me había dicho de que se iría de fiesta próximamente, pero lo cierto es que no le presté demasiada atención.
De pronto, Stereo Hearts sonó a todo volumen en mi teléfono. Alguien me llamaba. Saqué el móvil del bolsillo de mi cazadora y sonreí levemente al ver el nombre que aparecía en la pantalla. Era Louis.
[Conversación telefónica]
- ¿Si? - contesté.
- Ey, tú, ¿qué tal lo llevas? - su voz tenía un tono divertido.
- Mira, Louis, mejor cállate eh... ¡me has dejado sola! ¡Esto es horrible!
- Eh, ¿qué pretendías que hiciera? - se rió - Soy Louis Tomlinson, no podía dejar que tu amiguita me viera y se volviera loca.
- Bueno, y yo soy Katie Collins y tampoco me merezco tal sufrimiento - escuché su risa al otro lado del aparato - En serio, es horrible. Las primeras horas fueron soportables pero ahora... no sé, no me siento cómoda.
- Eres una exagerada, a saber con cuántas bolsas me vienes - sonreí levemente. Era una sonrisa de suficiencia, moría por ver su cara cuando me viera con las manos vacías. A ver qué se iba a creer éste... - Venga, en dos minutos estaré en la puerta, hasta ahora - y tras decir eso, colgó.
[Fin de la conversación telefónica]
¿En serio? ¿Venía a buscarme? Me costaba creerlo... todo aquello era demasiado bonito para ser cierto.
De repente, la voz de Audrey me sacó de mis pensamientos.
- Cielo, ¿te gusta esta falda? - levanté la cabeza de golpe, pues estaba mirando el suelo, y sólo acerté a ver una ajustada falda de tubo color azul eléctrico. Lo cierto es que era bonita, y no le quedaba mal...
- Si... aunque prefiero el vestido de antes - lo sé, era demasiado mala. Pero ella también lo había sido un día conmigo, así que se lo merecía - A propósito, Audrey, tengo que irme ya. Me están esperando fuera para recogerme y...
- ¿¡Tu novio!? Espera, ¡te acompaño! - volvió a entrar en el probador para cambiarse.
- No es mi novio... - murmuré, aunque con un tono de voz lo suficientemente alto como para que me escuchara desde dentro - Es tarde, Audrey, tengo que irme ya, te lo presentaré otro día, te lo prome... - pero la chica no me dio tiempo ni a terminar la frase, puesto que salió ya cambiada y con multitud de distintas prendas de ropa en las manos.
- No, no, no, ya estoy lista. Vendré mañana por la mañana a comprar el vestido - dejó la montaña de ropa sobre una mesa y me agarró de la mano - Andando, que es tarde.
Y, tras resoplar, de forma resignada, la seguí hacia la salida del centro comercial. La calle estaba prácticamente desierta, tan sólo había una pareja de enamorados en una esquina dándose el lote. Bueno, y el coche de Louis. Con Louis dentro. Me hizo un gesto con la mano, con lo que entendí que me preguntaba por qué estaba ella aquí. Pero Audrey se lo tomó como un saludo, y, tras levantar la mano y saludarle efusivamente con una gran sonrisa, se acercó algunos pasos hacia el coche.
- ¿Qué hace? ¿Por qué no sale a saludarnos? - preguntó la chica, girándose hacia mí, con gesto confundido.
- Eh... es que es muy tímido... - comencé a decir, pero fui otra vez cortada por ella.
- ¿Tímido? Bah, qué tontería... pues tendré que ir yo a presentarme, entonces - reemprendió el paso hacia el coche de Louis. Yo me maldije a mi misma. Si se creaba escándalo público, sería únicamente por mi culpa...
Pero, de repente, unas escandalosas carcajadas llamaron mi atención y, por suerte, la de Audrey. Provenían del final de la calle y se aproximaban cada vez más a nosotros. Entorné los ojos, intentando descubrir quienes eran aquellos que se acercaban. Y al final los vi, tres figuras humanas, dos femeninas, a los lados, y una masculina, en el centro. Reconocí inmediatamente a la de la izquierda, era imposible no hacerlo, puesto que la conocía desde que ambas íbamos en pañales. Efectivamente, era Caitlin, que caminaba con los brazos en jarras, ya fuera por el aire frío que comenzaba a soplar a estas horas de la noche como por el enfado que su rostro reflejaba a la perfección. A su lado iba Niall, riéndose a carcajadas por algo que había dicho ¿Miranda? ¿Realmente era ella? Algo no cuadraba... Era Niall, Niall Horan. Y, que yo supiera, Miranda era directioner... ¿por qué actuaba con tanta naturalidad?
Sin pensármelo dos veces caminé hacia Caitlin.
- ¿Qué ha pasado? - susurré, de forma que sólo ella pudiera oírme.
- El día no podía ser más perfecto: me había ido de excursión con Niall, nos habíamos reído, habíamos bromeado, me había besado... y cuando volvimos, nos encontramos nada más y nada menos que con Miranda.
- ¿¡Te ha besado!? - no pude evitar elevar mi volumen de voz, a lo que Caitlin reaccionó tapándome la boca con una mano. Por suerte, Niall, Miranda y Audrey estaban muy enfrascados dentro de su propia e interesante conversación.
- ¡Shh! No grites tanto... - susurró. Me quitó la mano de la boca lentamente - Sí, pero ahora eso es lo de menos. Vámonos ya, por favor. Niall no sabe que estoy enamorada de él y, quieras que no, me duele verlo tonteando con otra.
- Caitlin, no seas exagerada... no están tonteando, sólo están hablando.
- ¿Quieres quedarte a ver como Audrey les lame el culo a todos? - dijo muy secamente. Me giré hacia el otro grupito, y pude alcanzar a ver el momento en que Audrey revolvía el pelo de Niall sensualmente, o, al menos, eso creía que intentaba.
- No, vámonos. Louis está en el coche, le diré que nos lleve a casa.
Sin despedirnos si quiera, ambas avanzamos el corto recorrido que había hasta dónde el coche estaba estacionado. Cuando abrí la puerta y me senté en el asiento del copiloto, me di cuenta de la leve sonrisa picarona que Louis tenía grabada en su rostro, mientras que su miraba estaba fija en el grupito de fuera.
- Eo, Tierra llamando a Louis - moví las manos haciendo aspavientos para que reaccionara. Él se giró hacia mí durante un par de segundos para después volver a observar a Niall, Audrey y Miranda - ¿Qué te pasa?
- Dices que esas son vuestras amiguitas, ¿no? - la voz de Louis sonaba distinta. No parecía él.
- Eh, sí, son esas... ¿por qué lo dices? - respondí un tanto extrañada.
- Oh, nada. Simplemente, creo que no presentarme sería de mala educación, ya me entiendes - y, dicho esto, me guiñó un ojo y salió del coche, dejándonos a Caitlin y a mí solas.
{Narra Zayn}
- Eres un miedica, Zayn, mira que no querer montarte en la montaña rusa... - Amy no había dejado de meterse conmigo en toda la tarde. Tras habernos separado de los demás había decidido llevarla a un parque de atracciones. Y maldito el momento en que lo hice. Mi plan era montarnos en las tacitas, disparar a un blanco y conseguir peluches o conducir los coches de choque. ¿Y lo que quería ella? Todo lo contrario. Ella quería montarse en la montaña rusa más alta de todo el parque, que tenía, sobra decirlo, loopings. Y las odio, las odio absolutamente, con todas mis fuerzas. Es algo que me ocurre desde pequeño. Me dan muchísimo miedo.
- Es un trauma infantil, Amy, no deberías meterte conmigo de esa forma... - contesté, poniendo cara de pena. En el fondo, me daba igual lo que se metiera conmigo, de hecho, hasta me hacía gracia.
- Oh, vamos, no seas exagerado, ya pareces Claire.
- Eres mala conmigo, ¿eh?
- En el fondo te encanta que sea así.
- ¿Por qué estás tan segura de ello?
- Llámalo intuición o como quieras, pero estoy segurísima.
- Vaya, vaya... poco creída, dices, ¿no?
- ¡Me lo negarás! - estalló en una carcajada, tan característico en ella. Podría pasarme horas escuchando su risa. ¿Y si era cierto? ¿Qué?
Aproveché que habíamos llegado a la puerta de su hotel para alejarme un par de pasos de ella y sonreír levemente.
- ¡Eres una creída! - me reí, a su vez - Pues hala, aquí te quedas, yo me voy - fingí estar enfadado y me di la vuelta, dispuesto a marcharme.
- ¡Eh, espera! - me di la vuelta, intentando reprimir una sonrisa. Amy me miraba con sus enormes ojos color miel abiertos de par en par, sonriendo de una forma muy dulce - ¿No me vas a dar ni siquiera dos besos?
Ahora si que no pude evitarlo, sonreí. Era adorable, ¿no lo era?
Me quedé quieto durante unos cuántos segundos, meditando sobre lo que debería o no hacer. Los dos besos se los iba a dar, eso estaba claro, pero...
Sí. Me acerqué a ella con decisión, acortando los pasos de distancia que nos separaban y, sin darle tiempo a reaccionar, me incliné sobre ella y le di dos besos cortos en sus labios. Acto seguido, me separé, sonriendo triunfalmente, y observando la cara de sorpresa que se le había quedado a la chica.
- No te había pedido que me dieras los dos besos ahí... - murmuró ésta, en un aparente estado de shock.
- ¿Ah no? Creí que era lo que querías... En fin, en ese caso, bórratelos - sonreí de lado. Las cosas estaban yendo como yo quería, si señor.
- A ver, señorito Zayn "Inteligente" Malik, ¿cómo me los voy a borrar? - se cruzó de brazos con gesto divertido.
- Pues así - me pasé el dorso de la mano por la boca, como limpiando una mancha invisible. Ella rió levemente y me imitó - Oh, pero vamos... ¿me has hecho caso? Te has borrado los besos...
- Así es, chico listo - volvió a reír. Yo sonreí levemente.
- Es una pena, ya que entonces te los tendré que volver a dar... - y dicho esto y sin darle tiempo a responder, volví a acercarme a ella y la besé más intensamente. Unos cuantos segundos más tarde, me separé de ella y observé su reacción. Era prácticamente la misma de antes, si cabe más sorprendida aún - Hasta luego, Amy - reí levemente y, tras guiñarle un ojo, me di la vuelta, marchándome del hotel.
[11 p.m.]
{Narra Liam}
Pagué la cantidad indicada al taxista y ambos nos bajamos del coche. Había sido una noche increíble, para qué negarlo. Había besado a Claire, de lo cual no me arrepentía para nada, y después nos habíamos pasado toda la noche hablando de nosotros, de nuestros amigos, familias, ciudades o de, simplemente, cosas sin importancia. Pero ya eran casi las once de la noche y al día siguiente tenía que madrugar, puesto que teníamos ensayo de la banda.
Cogí a Claire de la mano para entrar en el hotel, y ella se giró hacia mí y me sonrió. Lo que sentía por dentro era muy raro, muy difícil de explicar. Hacía tiempo que no lo sentía con nadie, concretamente, desde el día en que había conocido a Danielle. ¿Lo que éramos? Nadie lo sabía, ni siquiera nosotros. No hacía demasiado que había terminado con Danielle, y todavía éramos buenos amigos, por lo que no quería estropear nuestra amistad. Y, por parte de Claire... bueno, lo cierto es que no tenía ni idea. Ella era de Manchester, por lo que me imagino que en Londres no tendría a nadie, ¿no?
Y, de pronto, una voz masculina me sacó de mis pensamientos.
- ¡Claire! ¿Eres tú?.
martes, 24 de abril de 2012
Capítulo 22.
{Narra Katie}
Niall y Caitlin habían sido los primeros en marcharse, seguidos muy de cerca por Liam y Claire, quienes se habían ido muy rápido y sin que nadie se enterara, me imagino que para evitar las típicas bromas de Louis o Harry. Ah, hablando del rey de Roma... sí, Louis fue el siguiente en hacerme una seña con la cabeza en dirección a la puerta. Me imagino que no habría olvidado eso de que tenía que hablar conmigo. Y yo con él, puesto que estaba decidida a darlo todo por zanjado hoy. Sin más.
Tras despedirnos brevemente de los que todavía quedaban en la cafetería, nos pusimos en marcha, caminando el uno junto al otro.
- Entonces, has eliminado los mensajes, ¿verdad? - Louis no esperó a llegar a dónde fuera que íbamos, sino que sin mirarme a la cara, con la vista apuntando al suelo, comenzó a hablar. Yo tragué saliva, agobiada.
- Sí, los eliminé - mi voz tembló casi imperceptiblemente.
- Lo siento - murmuró él, secamente.
- No, Louis, no me pidas perdón. No hay nada por lo que disculparse, de hecho tú no...
- Quieres que te deje en paz, ¿verdad? - me interrumpió, de forma cortante, a la vez que dejaba de caminar y me miraba a los ojos. Su rostro estaba completamente serio, no bromeaba. ¿De verdad se creía que lo que yo quería era que me dejara en paz? No me lo podía creer...
- ¡No, Louis, no! ¿Es que no lo ves? Claro que no quiero que me dejes en paz, nunca lo he querido y dudo mucho que algún día llegue a quererlo. Párate y piénsalo, sólo por un momento. Yo, Katie, una don nadie de Manchester que viene a Londres al concierto de su ídolo con sus amigas y terminan conociéndolos y quedando con ellos. ¡Es surrealista! Pero ya no es sólo eso. Ahora Louis William Tomlinson me envía un SMS diciéndome que me quiere, haciendo que yo me enamore aún más de él, pese a que debería ser algo impensable puesto que él tiene novia, llevan mucho tiempo juntos, se quieren y...
- Eh, frena. Espera un momento - Louis me interrumpió, acercándose y colocándose a tan sólo dos pasos de mí - ¿Has dicho que estás enamorada de mí?
No, no podía ser, no, no, no. No podía haberlo dicho en alto, simplemente no podía. Noté cómo un desagradable calor recorría mi cuerpo centímetro a centímetro y mi rostro se volvía de un violento color encarnado.
- Eh... no, bueno sí, lo he dicho, pero, bueno, no me refería a... - no pude terminar la frase puesto que Louis presionó sus labios contra los míos. ¿Qué era aquello? ¿Me estaba besando? No me lo podía creer. Durante unas milésimas de segundo me quedé completamente quieta, con los ojos abiertos de par en par, pero pronto reaccioné y me di cuenta de la situación. ¿No era aquello todo lo que deseaba?
Coloqué mis brazos alrededor de su cuello y le correspondí. Segundos después, me separé de él, mirándolo a los ojos. Notaba que mis mejillas seguían coloradas y aún lo estuvieron más después de que Louis me dedicara esa sonrisa que sólo él sabe poner.
- ¿Qué decías? Creo que no te entendí demasiado bien - dijo, para después echarse a reír. Esa expresión seria que llevaba antes en su rostro se había esfumado. Yo quité mis brazos de su cuello, mirándolo con timidez.
- No me hace gracia, Louis - mis palabras resultaban un tanto contradictorias, puesto que estaba sonriendo. Una sonrisita de tonta enamorada. Qué mal disimulaba... - Esto no debería estar pasando, tú estás con Eleanor y...
- Eh, ¿que estoy con quién? - volvió a interrumpirme por enésima vez.
- Qué pasa, ¿dejarás que termine alguna frase algún día o qué? - protesté, frunciendo el ceño.
- Algún día - se rió - Ahora en serio, ¿por qué has dicho eso?
- Bueno, tú estás con Eleanor, ¿no?
- No.
- Eh, ¿no?
- No.
- ¿Cómo que no?
- Esto parece un diálogo de besugos - volvió a reír. Podría escuchar su adorable risa durante horas, la verdad - No, no estoy con Eleanor, no sé porqué pensabas que sí.
- Se os veía muy bien el día que fuimos a vuestra casa, parecía que te gustaba.
- Bueno, en teoría me gustaba, pero ahora ya no. Me gusta otra chica - mis mejillas volvieron a sonrojarse, pero me quedé en silencio - Ahora es cuando tú preguntas "¿Y quién es esa chica?" - me reí. Aquello no podía ser cierto.
- ¿Y quién es esa chica? - pregunté, intentando imitar su voz, con tono divertido.
Él no respondió, si no que me miró fijamente a los ojos, con expresión seria, aunque no enfadada. Así estuvimos durante varios segundos, que no llegaron a un minuto. Después, lentamente, fue acercándose a mi. Me besó. Otra vez. Presionó suavemente sus labios contra los míos. Fue un beso dulce, cariñoso... pero de corta duración. ¿El por qué? Una estridente voz de mujer a mis espaldas.
{Narra Caitlin}
Niall yacía inmóvil sobre la tranquila superficie del agua. Gracias a él, yo ya me encontraba en el interior de la barca, pero rápidamente volví a lanzarme al agua, al darme cuenta de que no se movía.
- ¡Niall! - nadé lo más rápido posible hasta él - ¿Qué te pasa? ¡Niall, ¿estás bien?! - me coloqué junto a su cabeza, impulsándola hacia arriba con mis manos, procurando que el agua no le diera en la cara - Por favor, Niall, - estaba a punto de echarme a llorar - despiértate...
- ¡Bú! - Niall abrió los ojos de repente y me salpicó con sus brazos. Después, comenzó a reírse escandalosamente, como era habitual en él - Te he visto muy preocupada por mí, ¿me equivoco?
Yo mudé la expresión de mi rostro, ahora sumido en la seriedad más profunda. Me separé unas cuantas brazadas de él, sin dejar de mirarlo. ¿Todo había sido una broma?
- Niall... ¿eres imbécil o simplemente idiota? - pregunté enfadada. Pues claro que me había asustado, lo normal en estos casos, ¿no? - Mira, déjalo, da igual. No contestes. Sólo te digo que no, no me ha hecho ni pizca de gracia - me di la vuelta y comencé a nadar hacia la barca. Sentí que Niall me seguía de cerca.
Llegué a la embarcación en apenas un minuto y me preparé para subir. Niall hizo ademán de ayudarme.
- No, no necesito tu ayuda, no vaya a ser que vuelva a darte un tirón o que te entren ganas de bromear de nuevo - el asintió, observándome con gesto divertido, mientras yo subía. Me costó sudor y lágrimas, literalmente, puesto que tras unos quince minutos que se me hicieron eternos, conseguí subir. Niall me siguió después, tardando apenas diez segundos en encontrarse en el interior de la barca. Me impresionó bastante, para qué lo voy a negar, pero no pensaba demostrárselo.
Sin decir ni una palabra pero sin borrar la sonrisa de su rostro, el irlandés cogió los remos y comenzó a remar hacia la orilla.
{Narra Niall}
Estaba enfadada, lo sabía. No era algo por lo que debería alegrarme, pero resultaba jodidamente adorable en estos momentos, así que supongo que podría vivir con ello.
Desde el minuto uno en el que se subió a la embarcación se sentó de espaldas a mi, sin dirigirme la palabra ni una sola vez. Su pelo todavía húmedo ondeaba ligeramente al viento y lo cierto es que lo que más deseaba en aquellos momentos era acariciarlo. Pero lo que me tocaba era remar, o al menos por ahora.
Pocos minutos después llegamos al muelle, sumidos en el mayor de los silencios. Amarré la barca para que no navegara a causa del viento y, cuando me dispuse a ayudar a Caitlin a salir de ella, me di cuenta de que ya estaba fuera, alejándose lentamente de mí. ¿Tan enfadada estaba? Tampoco era para tanto, ¿no?
Salté al muelle con agilidad y me agaché junto a la barca para terminar de recogerla cuando un golpe sordo me sorprendió detrás de mí. Un sudor frío comenzó a recorrer mi frente, me temía lo peor. Me di la vuelta lenta, muy lentamente. Poco a poco. Y la vi. Allí estaba, tirada en el suelo, inmóvil, ¿desmayada? Sentí que el mundo se paraba de golpe. Dejé lo que estaba haciendo con la barca y corrí hasta dónde Caitlin se encontraba. La agité con suavidad, intentando que reaccionara.
- Caitlin, eh, despierta, ¿estás bien? - le di leves palmadas en sus mejillas, pero la chica seguía con los ojos cerrados - ¡Caitlin, por favor, reacciona! - me llevé las manos a la cara, respirando profundamente, intentando pensar con claridad. Intentaría hacer que se despertara durante un par de minutos más; si no lo conseguía, llamaría a una ambulancia. Fácil, y más claro imposible. Me acerqué a ella, sin dejar de zarandear sus hombros mientras intentaba que se despertara - Caitlin, despierta, por favor... - a punto estaba de rendirme cuando la chica abrió sus enormes ojos de golpe y acercó su rostro al mío, robándome un beso y callándome a la vez. No pude por menos que sorprenderme, y apenas reaccioné, ella ya se había separado de mí.
- Esto es para que sepas, Horan, que yo también sé jugar - Caitlin ya no parecía enfadada, si no que en su rostro se había formado una sonrisa triunfadora. Me guiñó un ojo y se levantó, emprendiendo de nuevo su camino. Y mientras, yo me quedé embobado mirándola, pensando en cómo aquella rubita era capaz de volverme tan loco.
[Unas horas más tarde...]
{Narra Liam}
Volví a mirar mi reloj de pulsera por enésima vez. Las ocho y media. Iba bien de tiempo, pero yo ya estaba vestido y preparado para salir en cualquier momento. No me había vestido demasiado formal, sino que llevaba unos pantalones vaqueros y mi habitual camisa leñadora de cuadros, por lo que confiaba en que Claire tampoco se habría arreglado demasiado.
Todo había comenzado cuando todos nos dividimos y nos fuimos por parejas a comer. Bueno, todos menos Zayn, Amy, Harry y Lauren, pero esos eran un caso aparte.
Lo que hicimos Claire y yo no fue nada fuera de lo normal. La llevé a una humilde bocatería, una de mis favoritas, y allí estuvimos charlando y riendo como buenos amigos. Si, amigos, nada más. O al menos en aquel momento. Y era por eso que también quería quedar con ella aquella misma noche. Algo especial, o al menos, para mí lo sería.
Volví a mirar mi reloj lo que a mi me parecieron bastantes minutos después, aunque tan sólo habían pasado tres. Las ocho y treinta y tres. Todavía era muy temprano, puesto que habíamos quedado en que la recogería a las nueve, pero lo único que conseguía quedándome allí parado era ponerme aún más nervioso de lo que estaba, y no era poco. Así que, tras darle muchas vueltas, decidí salir de casa. Los demás chicos todavía no habían llegado, y quién sabe si más de uno no lo haría hasta el día siguiente, así que me limité a dejarles una nota sobre la mesa de la cocina.
Tras cerrar la puerta, me dirigí con paso apresurado hacia el hotel dónde se alojaban las chicas, llegando allí tan sólo diez minutos después. Eran ya las nueve menos cuarto, sólo quedaba un cuarto de hora. Perfecto. ¿Perfecto? ¿Qué digo perfecto? Se me iba a hacer eterno. Me senté impacientemente en un silloncito del hall, mientras esperaba por Claire. Y por suerte, ésta última no se hizo de rogar, puesto que sólo cinco minutos más tarde, a menos diez, el característico olor de su colonia me hizo sobresaltarme. Me levanté y me giré de golpe, hacia donde ella se encontraba. Llevaba un corto vestido de encaje blanco que dejaban ver sus bronceadas y delgadas piernas, acompañada con una americana corta azul marino.
Niall y Caitlin habían sido los primeros en marcharse, seguidos muy de cerca por Liam y Claire, quienes se habían ido muy rápido y sin que nadie se enterara, me imagino que para evitar las típicas bromas de Louis o Harry. Ah, hablando del rey de Roma... sí, Louis fue el siguiente en hacerme una seña con la cabeza en dirección a la puerta. Me imagino que no habría olvidado eso de que tenía que hablar conmigo. Y yo con él, puesto que estaba decidida a darlo todo por zanjado hoy. Sin más.
Tras despedirnos brevemente de los que todavía quedaban en la cafetería, nos pusimos en marcha, caminando el uno junto al otro.
- Entonces, has eliminado los mensajes, ¿verdad? - Louis no esperó a llegar a dónde fuera que íbamos, sino que sin mirarme a la cara, con la vista apuntando al suelo, comenzó a hablar. Yo tragué saliva, agobiada.
- Sí, los eliminé - mi voz tembló casi imperceptiblemente.
- Lo siento - murmuró él, secamente.
- No, Louis, no me pidas perdón. No hay nada por lo que disculparse, de hecho tú no...
- Quieres que te deje en paz, ¿verdad? - me interrumpió, de forma cortante, a la vez que dejaba de caminar y me miraba a los ojos. Su rostro estaba completamente serio, no bromeaba. ¿De verdad se creía que lo que yo quería era que me dejara en paz? No me lo podía creer...
- ¡No, Louis, no! ¿Es que no lo ves? Claro que no quiero que me dejes en paz, nunca lo he querido y dudo mucho que algún día llegue a quererlo. Párate y piénsalo, sólo por un momento. Yo, Katie, una don nadie de Manchester que viene a Londres al concierto de su ídolo con sus amigas y terminan conociéndolos y quedando con ellos. ¡Es surrealista! Pero ya no es sólo eso. Ahora Louis William Tomlinson me envía un SMS diciéndome que me quiere, haciendo que yo me enamore aún más de él, pese a que debería ser algo impensable puesto que él tiene novia, llevan mucho tiempo juntos, se quieren y...
- Eh, frena. Espera un momento - Louis me interrumpió, acercándose y colocándose a tan sólo dos pasos de mí - ¿Has dicho que estás enamorada de mí?
No, no podía ser, no, no, no. No podía haberlo dicho en alto, simplemente no podía. Noté cómo un desagradable calor recorría mi cuerpo centímetro a centímetro y mi rostro se volvía de un violento color encarnado.
- Eh... no, bueno sí, lo he dicho, pero, bueno, no me refería a... - no pude terminar la frase puesto que Louis presionó sus labios contra los míos. ¿Qué era aquello? ¿Me estaba besando? No me lo podía creer. Durante unas milésimas de segundo me quedé completamente quieta, con los ojos abiertos de par en par, pero pronto reaccioné y me di cuenta de la situación. ¿No era aquello todo lo que deseaba?
Coloqué mis brazos alrededor de su cuello y le correspondí. Segundos después, me separé de él, mirándolo a los ojos. Notaba que mis mejillas seguían coloradas y aún lo estuvieron más después de que Louis me dedicara esa sonrisa que sólo él sabe poner.
- ¿Qué decías? Creo que no te entendí demasiado bien - dijo, para después echarse a reír. Esa expresión seria que llevaba antes en su rostro se había esfumado. Yo quité mis brazos de su cuello, mirándolo con timidez.
- No me hace gracia, Louis - mis palabras resultaban un tanto contradictorias, puesto que estaba sonriendo. Una sonrisita de tonta enamorada. Qué mal disimulaba... - Esto no debería estar pasando, tú estás con Eleanor y...
- Eh, ¿que estoy con quién? - volvió a interrumpirme por enésima vez.
- Qué pasa, ¿dejarás que termine alguna frase algún día o qué? - protesté, frunciendo el ceño.
- Algún día - se rió - Ahora en serio, ¿por qué has dicho eso?
- Bueno, tú estás con Eleanor, ¿no?
- No.
- Eh, ¿no?
- No.
- ¿Cómo que no?
- Esto parece un diálogo de besugos - volvió a reír. Podría escuchar su adorable risa durante horas, la verdad - No, no estoy con Eleanor, no sé porqué pensabas que sí.
- Se os veía muy bien el día que fuimos a vuestra casa, parecía que te gustaba.
- Bueno, en teoría me gustaba, pero ahora ya no. Me gusta otra chica - mis mejillas volvieron a sonrojarse, pero me quedé en silencio - Ahora es cuando tú preguntas "¿Y quién es esa chica?" - me reí. Aquello no podía ser cierto.
- ¿Y quién es esa chica? - pregunté, intentando imitar su voz, con tono divertido.
Él no respondió, si no que me miró fijamente a los ojos, con expresión seria, aunque no enfadada. Así estuvimos durante varios segundos, que no llegaron a un minuto. Después, lentamente, fue acercándose a mi. Me besó. Otra vez. Presionó suavemente sus labios contra los míos. Fue un beso dulce, cariñoso... pero de corta duración. ¿El por qué? Una estridente voz de mujer a mis espaldas.
{Narra Caitlin}
Niall yacía inmóvil sobre la tranquila superficie del agua. Gracias a él, yo ya me encontraba en el interior de la barca, pero rápidamente volví a lanzarme al agua, al darme cuenta de que no se movía.
- ¡Niall! - nadé lo más rápido posible hasta él - ¿Qué te pasa? ¡Niall, ¿estás bien?! - me coloqué junto a su cabeza, impulsándola hacia arriba con mis manos, procurando que el agua no le diera en la cara - Por favor, Niall, - estaba a punto de echarme a llorar - despiértate...
- ¡Bú! - Niall abrió los ojos de repente y me salpicó con sus brazos. Después, comenzó a reírse escandalosamente, como era habitual en él - Te he visto muy preocupada por mí, ¿me equivoco?
Yo mudé la expresión de mi rostro, ahora sumido en la seriedad más profunda. Me separé unas cuantas brazadas de él, sin dejar de mirarlo. ¿Todo había sido una broma?
- Niall... ¿eres imbécil o simplemente idiota? - pregunté enfadada. Pues claro que me había asustado, lo normal en estos casos, ¿no? - Mira, déjalo, da igual. No contestes. Sólo te digo que no, no me ha hecho ni pizca de gracia - me di la vuelta y comencé a nadar hacia la barca. Sentí que Niall me seguía de cerca.
Llegué a la embarcación en apenas un minuto y me preparé para subir. Niall hizo ademán de ayudarme.
- No, no necesito tu ayuda, no vaya a ser que vuelva a darte un tirón o que te entren ganas de bromear de nuevo - el asintió, observándome con gesto divertido, mientras yo subía. Me costó sudor y lágrimas, literalmente, puesto que tras unos quince minutos que se me hicieron eternos, conseguí subir. Niall me siguió después, tardando apenas diez segundos en encontrarse en el interior de la barca. Me impresionó bastante, para qué lo voy a negar, pero no pensaba demostrárselo.
Sin decir ni una palabra pero sin borrar la sonrisa de su rostro, el irlandés cogió los remos y comenzó a remar hacia la orilla.
{Narra Niall}
Estaba enfadada, lo sabía. No era algo por lo que debería alegrarme, pero resultaba jodidamente adorable en estos momentos, así que supongo que podría vivir con ello.
Desde el minuto uno en el que se subió a la embarcación se sentó de espaldas a mi, sin dirigirme la palabra ni una sola vez. Su pelo todavía húmedo ondeaba ligeramente al viento y lo cierto es que lo que más deseaba en aquellos momentos era acariciarlo. Pero lo que me tocaba era remar, o al menos por ahora.
Pocos minutos después llegamos al muelle, sumidos en el mayor de los silencios. Amarré la barca para que no navegara a causa del viento y, cuando me dispuse a ayudar a Caitlin a salir de ella, me di cuenta de que ya estaba fuera, alejándose lentamente de mí. ¿Tan enfadada estaba? Tampoco era para tanto, ¿no?
Salté al muelle con agilidad y me agaché junto a la barca para terminar de recogerla cuando un golpe sordo me sorprendió detrás de mí. Un sudor frío comenzó a recorrer mi frente, me temía lo peor. Me di la vuelta lenta, muy lentamente. Poco a poco. Y la vi. Allí estaba, tirada en el suelo, inmóvil, ¿desmayada? Sentí que el mundo se paraba de golpe. Dejé lo que estaba haciendo con la barca y corrí hasta dónde Caitlin se encontraba. La agité con suavidad, intentando que reaccionara.
- Caitlin, eh, despierta, ¿estás bien? - le di leves palmadas en sus mejillas, pero la chica seguía con los ojos cerrados - ¡Caitlin, por favor, reacciona! - me llevé las manos a la cara, respirando profundamente, intentando pensar con claridad. Intentaría hacer que se despertara durante un par de minutos más; si no lo conseguía, llamaría a una ambulancia. Fácil, y más claro imposible. Me acerqué a ella, sin dejar de zarandear sus hombros mientras intentaba que se despertara - Caitlin, despierta, por favor... - a punto estaba de rendirme cuando la chica abrió sus enormes ojos de golpe y acercó su rostro al mío, robándome un beso y callándome a la vez. No pude por menos que sorprenderme, y apenas reaccioné, ella ya se había separado de mí.
- Esto es para que sepas, Horan, que yo también sé jugar - Caitlin ya no parecía enfadada, si no que en su rostro se había formado una sonrisa triunfadora. Me guiñó un ojo y se levantó, emprendiendo de nuevo su camino. Y mientras, yo me quedé embobado mirándola, pensando en cómo aquella rubita era capaz de volverme tan loco.
[Unas horas más tarde...]
{Narra Liam}
Volví a mirar mi reloj de pulsera por enésima vez. Las ocho y media. Iba bien de tiempo, pero yo ya estaba vestido y preparado para salir en cualquier momento. No me había vestido demasiado formal, sino que llevaba unos pantalones vaqueros y mi habitual camisa leñadora de cuadros, por lo que confiaba en que Claire tampoco se habría arreglado demasiado.
Todo había comenzado cuando todos nos dividimos y nos fuimos por parejas a comer. Bueno, todos menos Zayn, Amy, Harry y Lauren, pero esos eran un caso aparte.
Lo que hicimos Claire y yo no fue nada fuera de lo normal. La llevé a una humilde bocatería, una de mis favoritas, y allí estuvimos charlando y riendo como buenos amigos. Si, amigos, nada más. O al menos en aquel momento. Y era por eso que también quería quedar con ella aquella misma noche. Algo especial, o al menos, para mí lo sería.
Volví a mirar mi reloj lo que a mi me parecieron bastantes minutos después, aunque tan sólo habían pasado tres. Las ocho y treinta y tres. Todavía era muy temprano, puesto que habíamos quedado en que la recogería a las nueve, pero lo único que conseguía quedándome allí parado era ponerme aún más nervioso de lo que estaba, y no era poco. Así que, tras darle muchas vueltas, decidí salir de casa. Los demás chicos todavía no habían llegado, y quién sabe si más de uno no lo haría hasta el día siguiente, así que me limité a dejarles una nota sobre la mesa de la cocina.
Tras cerrar la puerta, me dirigí con paso apresurado hacia el hotel dónde se alojaban las chicas, llegando allí tan sólo diez minutos después. Eran ya las nueve menos cuarto, sólo quedaba un cuarto de hora. Perfecto. ¿Perfecto? ¿Qué digo perfecto? Se me iba a hacer eterno. Me senté impacientemente en un silloncito del hall, mientras esperaba por Claire. Y por suerte, ésta última no se hizo de rogar, puesto que sólo cinco minutos más tarde, a menos diez, el característico olor de su colonia me hizo sobresaltarme. Me levanté y me giré de golpe, hacia donde ella se encontraba. Llevaba un corto vestido de encaje blanco que dejaban ver sus bronceadas y delgadas piernas, acompañada con una americana corta azul marino.
Iba sencilla, pero preciosa, como siempre. Cómo no, me había quedado embobado mirando para ella, por lo que tardé en reaccionar cuando se dirigió a mí.
- Eo, ¿está Liam por ahí? - rió adorablemente. Yo sacudí la cabeza.
- Sí, perdona. Estaba viendo, esto... quiero decir, tú... estás increíble, Claire - tartamudeé como un idiota. Ella se sonrojó levemente.
- Gracias Liam, tú también... - comenzó a reírse, me imagino que por la estúpida expresión que seguramente había aparecido en mi rostro. Yo también me reí levemente - Y bien, ¿a dónde me vas a llevar?
- A mi lugar favorito. Secreto, nadie lo sabe.
- ¿Debo considerarme afortunada entonces? - sonrió, a la vez que ambos comenzábamos a andar hacia el exterior del hotel.
- La duda ofende - le guiñé un ojo. Ella rió.
- No me vas a dar ni una sola pista, ¿verdad? - yo negué lentamente con la cabeza.
- Entonces no sería una sorpresa.
[Quince minutos después...]
{Narra Claire}
Por fin habíamos llegado. Estábamos frente a un edificio abandonado y casi totalmente destartalado, medio en ruinas. ¿De verdad que este era el lugar favorito de Liam? Costaba creerlo. No me hacía demasiada gracia entrar ahí dentro, en primer lugar, porque seguramente estaría todo asqueroso y, en segundo lugar, porque durante el corto trayecto que había desde el hotel, Londres se sumió en la más cerrada de las noches. Todo estaba totalmente oscuro.
- No te fíes de las apariencias - susurró Liam en mi oído, como si me hubiera leído el pensamiento - y confía en mí - un escalofrío me recorrió el cuerpo de arriba a abajo. Después, miré a Liam a los ojos, sin decir nada, pero asintiendo levemente con la cabeza. Él sonrió de lado y tomó mi mano, guiándome hacia el interior del edificio. - Cierra los ojos y no los abras hasta que yo te lo diga - la voz de Liam se percibía emocionada.
- Aunque los mantuviera abiertos dudo que viese algo... - reí con nerviosismo.
- Tú ciérralos.
- Si, señor.
Le hice caso y cerré los ojos, mientras Liam tiraba de mi mano y me arrastraba por aquellas sucias y oscuras habitaciones. Subimos algunas escaleras, varias, muchas. Muchísimas. Se me hicieron interminables. Y por fin, percibí el sonido de una puerta que se abría y una ráfaga de viento frío me azotó en el rostro y removió mi pelo, despeinándolo. Pese a todo, cumplí mi promesa y mantuve los ojos cerrados.
- Ya puedes abrirlos - Liam volvió a susurrar en mi oído. Creí morir al sentir su cálido aliento golpear contra mi cuello y sus fuertes brazos rodeándome por detrás. Sonreí levemente y abrí los ojos. Y respecto a lo que vi, podría asegurar que fue lo más bonito de mi vida.
Era una vista panorámica de Londres, desde bastantes metros de altura, no sabría precisar cuántos. Toda la ciudad estaba en silencio, al menos en aquella zona, y a oscuras. Tan sólo contadas luces procedentes de casas cercanas, la luna y los cientos de estrellas nos iluminaban. Dirigí la mirada al cielo y lo observé. Qué digo cientos, miles de estrellas. Y las de aquella noche brillaban más que nunca. Lo cierto es que siempre me había gustado observar el cielo nocturno, me traía muy buenos recuerdos de cuando era niña. Solía hacerlo a menudo con mi padre, ambos nos tumbábamos en el césped del jardín y nos quedábamos en silencio, tan sólo acompañados por el sonido de los grillos y de nuestra regular respiración. Me gustaba imaginar lo grande que es el universo y lo pequeñitos que somos todos nosotros en comparación.
- Qué, ¿te gusta? No has dicho nada desde que llegamos - Liam no habló demasiado alto, guardando respeto al silencio de la noche, pero sin separarse ni un sólo centímetro de mí.
- Es increíble. Desde niña me ha gustado observar las estrellas, tener un rato para mí sola, para pensar, para soñar... Y esto es difícil verlo en el medio de una gran ciudad, pero tú lo has conseguido - aparté la mirada del cielo para posarla sobre sus ojos, que brillaban de la emoción.
- Eso es exactamente lo mismo que yo pienso... Claire, ¿dónde has estado durante toda mi vida? - lo dijo de una forma tan graciosa que no pude evitar reírme.
- Esperando a que llegara el día de conocerte y, mientras tanto, vigilándote por Twitter - volví a reír. Él, sin embargo, no me siguió.
- Ese día ha tardado demasiado en llegar.
- ¿Demasiado? Nunca es demasiado tarde.
- En nuestro caso, pienso que sí.
- ¿Por qué?
- Porque hemos perdido ya demasiado tiempo - y, sin darme tiempo a interpretar esa respuesta, tomó mi rostro entre sus cálidas manos y me besó.
domingo, 8 de abril de 2012
AVISO: Nueva novela.
Antes de nada, hola y gracias a todos los que estén leyendo esto. Simplemente quería avisaros de una cosita, no os llevará mucho tiempo leer esto.
Hace unos días se me ocurrió una idea para una nueva novela, idea que pensé que estaría bien llevar a cabo. Ya tengo creados los personajes que aparecerían en ella, así como un prólogo para introducir la historia. Me gustaría que aquell@s que leáis esta novela os pasarais por mi otro blog y le echarais un vistazo, tan sólo pido eso. Luego, si os interesa, podríais avisarme tanto por un comentario en esta entrada, un comentario en el otro blog o una mención en twitter para que os avise cuando suba cada capítulo.
Sin liarme más, dejo aquí los links:
Link del blog: http://iwanttobelovedbyyou1.blogspot.com.es/
Link de los personajes principales: http://iwanttobelovedbyyou1.blogspot.com.es/2012/04/personajes-principales.html
Link del prólogo: http://iwanttobelovedbyyou1.blogspot.com.es/2012/04/prologo.html
Mi twitter es @DJTommosArmy.
Muchas gracias por vuestra atención, y cualquier duda, sugerencia o queja será bien recibida.
Os quiero <3.
miércoles, 4 de abril de 2012
Capítulo 21
{Narra Katie}
Tuve que releer un par de veces el nombre de la pantalla para asegurarme de que no me había confundido. No, estaba segura, era ella. Todavía aparecía el símbolo del infinito junto a su nombre, ese que ella misma había guardado al grabar su número en mi teléfono. Cuando todavía éramos amigas.
Ella sabía que yo estaba en Londres. Lo sabía porque todavía mantenía algo de relación con Amy, pese a que todo se debía a las conveniencias. Así que, ¿qué es lo que quería de mí?
Me estremecí cuando Louis me acercó a él y me dio un beso en la cabeza. Hubiera deseado que ese momento durara eternamente, que no nos separáramos jamás, pero tuve que hacerlo para contestar la llamada.
[Conversación telefónica]
- ¿...Diga? - saludé, con tono inseguro.
- ¡Katie, mi amor! ¡Cuánto tiempo sin hablar contigo! ¿Qué tal todo? - su voz sonaba excitada, quizás demasiado. Aprecié un ápice de falsedad en el tonó que utilizó, de hecho, pero decidí ignorarlo. Este asunto no me olía nada bien.
- Eh... Bien, Audrey, estoy bien. ¿Qué tal tú por Manchester? - mi tono de voz no podía ser más serio.
- ¿Por Manchester? Oh, cariño, ¿no te has enterado? - cerré los ojos un momento, esperándome lo peor - ¡ESTAMOS EN LONDRES! - comenzó a reírse exageradamente. No, ella en Londres no, por favor... un momento. ¿Había dicho "ESTAMOS"?
- ¿"Estamos"? ¿Quiénes estáis?
- Oh, pues Miranda y yo, ¿quiénes si no? - hizo una breve pausa, en la que yo me mantuve callada - Pues verás, cielo, te llamaba para ver si os apetecía quedar y dábamos una vuelta o algo, ¿no? Que vosotras ya sois unas londinenses en toda regla - volvió a reír exageradamente. Puse los ojos en blanco. ¿De verdad estaba diciendo todas esas cursiladas o era sólo imaginación mía?
- ¿Dónde estáis?
- Justo al lado del London Eye, ¿y vosotras? - dirigí mi mirada hacia la derecha. El London Eye se separaba de nosotros por unos cuántos metros, no llegaba ni a un kilómetro. Abrí los ojos muy asustada, quedándome paralizada en donde estaba. Pero reaccioné con rapidez, ya que cogí la mano de Louis con la que tenía libre y comencé a correr de vuelta hacia la cafetería.
- Nosotras... pues... estamos pasando el día en Oxford. ¡Oh, no, se me queda el móvil sin batería! ¡Ya te llamaré! - y corté.
[Fin de la conversación]
Continué corriendo a la vez que guardaba el móvil en mi bolso, mientras trataba de arrastrar a Louis por detrás de mí. Pero él era más fuerte que yo, y poco después de haber cruzado el puente tiró de mi, frenándome.
- Eh, Katie, relájate - jadeó, a causa de la carrera - ¿Se puede saber que te pasa?
- Louis, tenemos que volver lo antes posible a la cafetería. Tengo que hablar con las chicas, es urgente - lo miré a los ojos. Su rostro estaba sumido en una profunda seriedad, hasta el punto de estar molesto, diría yo - Te prometo que en cuanto hable con ellas volveremos a irnos. De hecho, yo también tengo que hablar contigo.
Su rostro era inmutable, continuaba con la misma expresión que en un principio.
- Por favor - dije, bajando un poco el volumen de la voz mientras lo miraba fijamente a los ojos. Y de pronto sonrió levemente, a la vez que me acercaba a su pecho para abrazarme, tal y como había hecho minutos antes.
- Venga petarda, vamos ya - se separó de mí y esta vez fue él quien tomó la iniciativa de agarrarme de la mano y guiarme hacia la cafetería.
Yo, como una tonta, sonreí y me dejé llevar.
{Narra Caitlin}
Todo aquello era muy extraño. ¿Por qué Niall actuaba con tanta normalidad? Debería odiarme por haberme separado de él el otro día y, sin embargo, lo único que hacía era dedicarme sonrisas y no dejar de hablarme o de prestarme atención ni un sólo momento.
Por desgracia, yo no era tan segura como él. Y, por supuesto, mi grado de timidez era casi el doble o el triple que el suyo.
- ¿En qué piensas? - esa voz, su voz, la que me volvía loca, fue la que irrumpió mis pensamientos, devolviéndome a la realidad. Levanté la mirada y la crucé con la suya. Con su pelo rubio algo revuelto y esa sonrisita de lado estaba increíblemente sexy. "Oh, venga, Caitlin, deja de pensar en esas cosas y habla. Estás quedando muy mal".
Pero justo en el preciso momento en que me disponía a responderle, Katie y Louis entraron corriendo en la cafetería y me interrumpieron.
- ¡Chicas, chicas, chicas! - Katie movía exageradamente los brazos, intentando captar nuestra atención. Respiraba entrecortadamente, parecía haberse pegado una larga carrera para llegar hasta aquí - Escuchadme, tenemos un pequeño problema.
- ¿Qué pasa? - preguntó Lauren, alarmada.
- Iré al grano, Audrey acaba de llamarme y me ha dicho que...
- ¿¡Que te acaba de llamar quién!? - Claire la interrumpió, elevando la voz.
- Calla y déjame hablar. Audrey acaba de llamarme y me ha dicho que Miranda y ella están en Londres. En estos precisos instantes al lado del London Eye. Y quieren vernos.
- ¿Quieren vernos? ¿Para qué? - pregunté yo entonces.
- Y yo que sé... les he dicho que estábamos en Oxford y que hoy no podríamos verlas.
- Ni hoy ni nunca, yo no pienso quedar con esas arpías - Claire se echó hacia atrás en su asiento y se cruzó de brazos.
- ¡Claire! - reprochó Amy - A ver, chicas, os lo estáis tomando demasiado a pecho... tampoco son tan insoportables. Yo, al menos, no tengo inconveniente en quedar con ellas aunque sea solo un día...
Todas nos giramos hacia ella, fulminándola con la mirada. Creo que Lauren estaba a punto de decir algo, puesto que había abierto la boca, pero la escandalosa risa de Niall la interrumpió. Las cinco nos giramos hacia él, confundidas. Casi habíamos olvidado la presencia de los chicos allí.
- ¿Habéis terminado ya? - preguntó Liam, irónico aunque con una encantadora sonrisa en su rostro, a la vez que metía sus manos en los bolsillos.
- O seguid si queréis, gatitas - Louis le siguió el rollo, con gesto divertido. Katie le pegó un puñetazo en el hombro para que se callara, pero lo único que hizo eso fue divertirle más.
- Al menos ponednos al día, así podremos unirnos a la discusión - terminó Harry, conteniendo la risa.
Lo cierto es que el panorama era divertido. Claire con el ceño fruncido y murmurando sabe dios qué por lo bajo, Lauren con una cara de asco que no podía con ella y Amy intentando suavizar el asunto. Niall con el rostro rojo de la risa y Louis y Liam lanzándonos pullas para que nos picáramos. Finalmente, yo también comencé a reírme.
- Bueno, hoy todavía tenemos un día para "disfrutarlo en Oxford", así que será mejor que no nos vean - elevé ligeramente la voz, intentando atraer la atención. Todos callaron enseguida, asintiendo con la cabeza.
- Siendo un grupo tan grande nos verán fijo... - murmuró Lauren.
- Pues tendremos que dividirnos, chicas. Venga Caitlin, quiero enseñarte algo - Niall se puso en pie, alargando su mano hacia mi. Los demás empezaron a silbar y a reírse; no tardaron en ser seguidos por Niall, mientras yo, pobre de mí, estaba colorada como un tomate.
{Narra Niall}
Por fin conseguí que Caitlin se viniera conmigo, no sin antes fulminar con la mirada a todos los demás. Caminábamos el uno junto al otro, ella mirando hacia el suelo, tímidamente, y yo mirándola de reojo de vez en cuando. Estaba preciosa, hoy más que nunca.
- ¿A dónde vamos a ir? - se atrevió a preguntarme por fin, aunque sin apartar la mirada del suelo. Yo, por el contrario, si que me giré para observarla, y pude comprobar como sus mejillas se habían tornado de un color ligeramente encarnado.
- Eso es altamente confidencial, señorita - bromeé, con tono divertido - Tan sólo déjame hacerte una pregunta... ¿tienes calor?
{Narra Caitlin}
¿Qué? ¿Que si tengo calor? ¿Qué clase de pregunta era esa? Y, ante todo... ¿a qué se refería con calor?
Estábamos a una temperatura bastante elevada, casi rondando los treinta grados. Pero también estaba el hecho de que estar a su lado me ponía nerviosa, muy nerviosa y, bueno... No, Caitlin, para ya. Deja de pensar en esas cosas. Últimamente no pareces tú.
- Eh, si, tengo calor, la verdad - agité mi cabeza, intentando alejar mis pensamientos "impuros" y centrarme en Niall.
- Pues entonces he escogido el sitio perfecto - y dicho eso, paró con un gesto un taxi y me abrió la puerta, ofreciéndome entrar primero.
Me senté cómodamente en el taxi mientras él le daba la dirección al taxista. Éste asintió con la cabeza y comenzó a conducir a toda velocidad por las abarrotadas calles londinenses. Sentía la mirada de Niall penetrante sobre mí, y eso me ponía aún más nerviosa, por lo que me puse a mirar por la ventanilla.
[Veinte minutos más tarde...]
{Narra Niall}
Ya habíamos llegado. Nos encontrábamos en un pequeño parque a las afueras de Londres, en cuyo centro había un gran lago de agua dulce. Desde mi punto de vista, era un lugar ideal para pasar una tarde de calor, ya que podías tomar el sol, irte de picnic, bañarte en las aguas del lago o mismo dar un paseo en barca. Estaba seguro de que a Caitlin le encantaría aquello.
Pagué al taxista por el viaje y me giré hacia la chica. Se había quedado dormida apoyada en la ventana. Respiraba acompasadamente y sus labios formaban una leve sonrisa, como si estuviera en medio de un bonito sueño. Me entraron unas ganas incontrolables de besarla, ahora que estaba dormida, adorable. Pero, por suerte, supe controlarme, ya que recordé lo que había pasado no hacía demasiado. Y una punzada de dolor me recorrió el pecho de arriba a abajo. ¿Qué era lo que tenía ella que me estaba descontrolando tanto?
- Eh, Caitlin, ya hemos llegado - susurré junto a su oído, zarandeándola con suavidad. Ésta abrió los ojos lentamente y me miró.
- Lo... lo siento. Siento haberme quedado dormida, Niall - se apresuró a disculparse, con voz somnolienta todavía.
- No seas tonta, no pasa nada - me reí - Venga, sal del coche. ¿No quieres ver dónde estamos?
Le cogí de la mano y la ayudé a salir. Todavía tenía los ojos entrecerrados debido al cansancio, pero en cuanto vio el lago los abrió mucho y la expresión de su rostro era totalmente de sorpresa.
- ¡Niall! Esto es... precioso. - exclamó. Yo volví a reírme.
- Como tú, dices, ¿no? - le susurré cerca de su oído, con tono divertido. Ella se sonrojó una vez más y bajó la mirada con nerviosismo. Lo que yo decía, adorable - Venga, no nos quedemos aquí parados. Tengo una pequeña idea sobre lo que podemos hacer antes de comer.
La cogí de la mano y la arrastré por detrás de mi en dirección al embarcadero. Mientras Caitlin dormía en el taxi había aprovechado para llamar al tipo del alquiler de barcas, así que ahora tendríamos una para nosotros todo el día. Se llamaba Nemo y era de color blanco con una delgada línea verde que la cruzaba de lado a lado.
Me agaché frente a la barca y cogí dos chalecos salvavidas. Le pasé uno a Caitlin y el otro me lo puse yo. Después, volví a levantarme y le ofrecí mi mano para ayudarla a subirse.
- Las damas primero - y le guiñé un ojo. Ella sonrió levemente, me cogió la mano y, con agilidad, se subió a la embarcación. Yo la seguí. - Bueno, sabrás remar, ¿no?
Ella abrió mucho los ojos y negó lentamente con la cabeza, lo que me provocó risas de nuevo.
- Pues ya me dirás que hacemos, entonces...
- Bueno, quizás podría intentarlo... - se ofreció.
Yo negué con la cabeza.
- Ah, no, no me pienso arriesgar a que los dos acabemos ahí abajo - intenté adoptar una expresión seria a la vez que señalaba el agua.
- ¿Perdona? - su timidez iba dejando paso a la verdadera Caitlin y eso me gustaba. Sonreí - Dame los remos, Horan, te vas a enterar - sonrió con más confianza. Yo ensanché mi sonrisa y le di los remos.
La chica se recogió su largo y liso cabello claro en una coleta alta y despeinada para después agarrar los remos con decisión y comenzar a remar hacia el centro del lago. La verdad, no lo hacía nada mal, probablemente mucho mejor que yo, que era negado. Pero, obviamente, eso no lo iba a admitir delante suya.
- Si hubiera remado yo ya habríamos llegado hace siglos - murmuré, intentando que mi voz pareciera lo más aburrida posible.
Ella paró de pronto y levantó la mirada, fijando sus ojos en los míos. No, eso no, por favor. Si continuaba así durante mucho tiempo estaba seguro de que no sería capaz de responder de mis actos. Desvié la mirada, intentando controlarme y observé la orilla. Estábamos quizás a unos diez o quince metros de ella, por lo que la profundidad del agua tenía que ser enorme.
De repente, sentí unas gotas de agua cayendo por mi mejilla que empaparon parte de mi camiseta. Estaba, literalmente, helada. Me giré hacia Caitlin y la observé, riéndose de mi a carcajada limpia.
- Conque esas tenemos, ¿eh?, te vas a enterar - murmuré, adoptando una expresión malvada. Comencé a mover la barca de un lado al otro, intentando volcarla por todos los medios. Y lo conseguí. Ambos caímos por la borda, salpicando con gruesas gotas de agua nuestro alrededor.
Los dos emergimos a la superficie casi a la vez.
- ¡Niall, está helada! - protestaba Caitlin, mientras pataleaba y movía los brazos sin cesar - Me voy a hundir y te voy a matar, que te quede claro... - hablaba como podía, puesto que de tanto moverse, el agua le entraba en la boca. Me acerqué a ella dando suaves brazadas.
- Eh, Caitlin, relájate. Llevas el chaleco, no podrías hundirte aunque quisieras - intenté decirle, sonriendo con expresión divertida, pero ella seguía hablando, sin hacerme caso alguno.
- ... y además, ¿has visto lo oscura que está el agua? Esto me da mucho repelús, y yo... - cogí su rostro entre mis manos y la callé con un beso, resultando ser un método más efectivo que el de las palabras. Me separé rápidamente, temiendo su reacción que, efectivamente, era muy parecida a la del otro día en la puerta del hotel. Me asusté. Niall, joder, ¿por qué lo has hecho? Ahora si que saldrá corriendo y no querrá saber nada de ti.
- Lo siento, yo... - comencé a decir, pero no pude terminar la frase, puesto que Caitlin puso los brazos alrededor de mi cuello con una asombrosa agilidad y me besó. Fue un beso dulce y tierno, pero sentí millones de mariposas revoloteando en el interior de mi estómago. Coloqué una mano en su espalda y la pegué a mi lo máximo posible, besándola con ternura y suavidad. Finalmente, tras unos segundos, me separé de ella unos centímetros, sin dejar de bracear en el agua y la miré a los ojos.
- No sabes cuánto tiempo llevaba esperando este momento - susurré a la vez que retiraba un mojado mechón de pelo de su rostro. Ella sonrió tímidamente, tal y como a mi me encantaba que hiciera.
- Aunque te parezca raro, yo también - evitó mirarme a los ojos. Yo no reprimí otra sonrisa, si cabe mayor que la anterior.
- ¿Subimos ya? - señalé la barca, que se movía con suavidad a un par de metros de nosotros. Ella me miró, sonrió y asintió con la cabeza, para después comenzar a nadar despacio hacia la embarcación. Yo la seguí. - Va, tu primero, yo te ayudaré desde aquí - dije. Coloqué entonces las manos en su cintura, preparado para empujarla a la vez que ella se impulsaba, pero no pasaron apenas unos segundos antes de que la soltara de golpe, ahogando un grito.
Tuve que releer un par de veces el nombre de la pantalla para asegurarme de que no me había confundido. No, estaba segura, era ella. Todavía aparecía el símbolo del infinito junto a su nombre, ese que ella misma había guardado al grabar su número en mi teléfono. Cuando todavía éramos amigas.
Ella sabía que yo estaba en Londres. Lo sabía porque todavía mantenía algo de relación con Amy, pese a que todo se debía a las conveniencias. Así que, ¿qué es lo que quería de mí?
Me estremecí cuando Louis me acercó a él y me dio un beso en la cabeza. Hubiera deseado que ese momento durara eternamente, que no nos separáramos jamás, pero tuve que hacerlo para contestar la llamada.
[Conversación telefónica]
- ¿...Diga? - saludé, con tono inseguro.
- ¡Katie, mi amor! ¡Cuánto tiempo sin hablar contigo! ¿Qué tal todo? - su voz sonaba excitada, quizás demasiado. Aprecié un ápice de falsedad en el tonó que utilizó, de hecho, pero decidí ignorarlo. Este asunto no me olía nada bien.
- Eh... Bien, Audrey, estoy bien. ¿Qué tal tú por Manchester? - mi tono de voz no podía ser más serio.
- ¿Por Manchester? Oh, cariño, ¿no te has enterado? - cerré los ojos un momento, esperándome lo peor - ¡ESTAMOS EN LONDRES! - comenzó a reírse exageradamente. No, ella en Londres no, por favor... un momento. ¿Había dicho "ESTAMOS"?
- ¿"Estamos"? ¿Quiénes estáis?
- Oh, pues Miranda y yo, ¿quiénes si no? - hizo una breve pausa, en la que yo me mantuve callada - Pues verás, cielo, te llamaba para ver si os apetecía quedar y dábamos una vuelta o algo, ¿no? Que vosotras ya sois unas londinenses en toda regla - volvió a reír exageradamente. Puse los ojos en blanco. ¿De verdad estaba diciendo todas esas cursiladas o era sólo imaginación mía?
- ¿Dónde estáis?
- Justo al lado del London Eye, ¿y vosotras? - dirigí mi mirada hacia la derecha. El London Eye se separaba de nosotros por unos cuántos metros, no llegaba ni a un kilómetro. Abrí los ojos muy asustada, quedándome paralizada en donde estaba. Pero reaccioné con rapidez, ya que cogí la mano de Louis con la que tenía libre y comencé a correr de vuelta hacia la cafetería.
- Nosotras... pues... estamos pasando el día en Oxford. ¡Oh, no, se me queda el móvil sin batería! ¡Ya te llamaré! - y corté.
[Fin de la conversación]
Continué corriendo a la vez que guardaba el móvil en mi bolso, mientras trataba de arrastrar a Louis por detrás de mí. Pero él era más fuerte que yo, y poco después de haber cruzado el puente tiró de mi, frenándome.
- Eh, Katie, relájate - jadeó, a causa de la carrera - ¿Se puede saber que te pasa?
- Louis, tenemos que volver lo antes posible a la cafetería. Tengo que hablar con las chicas, es urgente - lo miré a los ojos. Su rostro estaba sumido en una profunda seriedad, hasta el punto de estar molesto, diría yo - Te prometo que en cuanto hable con ellas volveremos a irnos. De hecho, yo también tengo que hablar contigo.
Su rostro era inmutable, continuaba con la misma expresión que en un principio.
- Por favor - dije, bajando un poco el volumen de la voz mientras lo miraba fijamente a los ojos. Y de pronto sonrió levemente, a la vez que me acercaba a su pecho para abrazarme, tal y como había hecho minutos antes.
- Venga petarda, vamos ya - se separó de mí y esta vez fue él quien tomó la iniciativa de agarrarme de la mano y guiarme hacia la cafetería.
Yo, como una tonta, sonreí y me dejé llevar.
{Narra Caitlin}
Todo aquello era muy extraño. ¿Por qué Niall actuaba con tanta normalidad? Debería odiarme por haberme separado de él el otro día y, sin embargo, lo único que hacía era dedicarme sonrisas y no dejar de hablarme o de prestarme atención ni un sólo momento.
Por desgracia, yo no era tan segura como él. Y, por supuesto, mi grado de timidez era casi el doble o el triple que el suyo.
- ¿En qué piensas? - esa voz, su voz, la que me volvía loca, fue la que irrumpió mis pensamientos, devolviéndome a la realidad. Levanté la mirada y la crucé con la suya. Con su pelo rubio algo revuelto y esa sonrisita de lado estaba increíblemente sexy. "Oh, venga, Caitlin, deja de pensar en esas cosas y habla. Estás quedando muy mal".
Pero justo en el preciso momento en que me disponía a responderle, Katie y Louis entraron corriendo en la cafetería y me interrumpieron.
- ¡Chicas, chicas, chicas! - Katie movía exageradamente los brazos, intentando captar nuestra atención. Respiraba entrecortadamente, parecía haberse pegado una larga carrera para llegar hasta aquí - Escuchadme, tenemos un pequeño problema.
- ¿Qué pasa? - preguntó Lauren, alarmada.
- Iré al grano, Audrey acaba de llamarme y me ha dicho que...
- ¿¡Que te acaba de llamar quién!? - Claire la interrumpió, elevando la voz.
- Calla y déjame hablar. Audrey acaba de llamarme y me ha dicho que Miranda y ella están en Londres. En estos precisos instantes al lado del London Eye. Y quieren vernos.
- ¿Quieren vernos? ¿Para qué? - pregunté yo entonces.
- Y yo que sé... les he dicho que estábamos en Oxford y que hoy no podríamos verlas.
- Ni hoy ni nunca, yo no pienso quedar con esas arpías - Claire se echó hacia atrás en su asiento y se cruzó de brazos.
- ¡Claire! - reprochó Amy - A ver, chicas, os lo estáis tomando demasiado a pecho... tampoco son tan insoportables. Yo, al menos, no tengo inconveniente en quedar con ellas aunque sea solo un día...
Todas nos giramos hacia ella, fulminándola con la mirada. Creo que Lauren estaba a punto de decir algo, puesto que había abierto la boca, pero la escandalosa risa de Niall la interrumpió. Las cinco nos giramos hacia él, confundidas. Casi habíamos olvidado la presencia de los chicos allí.
- ¿Habéis terminado ya? - preguntó Liam, irónico aunque con una encantadora sonrisa en su rostro, a la vez que metía sus manos en los bolsillos.
- O seguid si queréis, gatitas - Louis le siguió el rollo, con gesto divertido. Katie le pegó un puñetazo en el hombro para que se callara, pero lo único que hizo eso fue divertirle más.
- Al menos ponednos al día, así podremos unirnos a la discusión - terminó Harry, conteniendo la risa.
Lo cierto es que el panorama era divertido. Claire con el ceño fruncido y murmurando sabe dios qué por lo bajo, Lauren con una cara de asco que no podía con ella y Amy intentando suavizar el asunto. Niall con el rostro rojo de la risa y Louis y Liam lanzándonos pullas para que nos picáramos. Finalmente, yo también comencé a reírme.
- Bueno, hoy todavía tenemos un día para "disfrutarlo en Oxford", así que será mejor que no nos vean - elevé ligeramente la voz, intentando atraer la atención. Todos callaron enseguida, asintiendo con la cabeza.
- Siendo un grupo tan grande nos verán fijo... - murmuró Lauren.
- Pues tendremos que dividirnos, chicas. Venga Caitlin, quiero enseñarte algo - Niall se puso en pie, alargando su mano hacia mi. Los demás empezaron a silbar y a reírse; no tardaron en ser seguidos por Niall, mientras yo, pobre de mí, estaba colorada como un tomate.
{Narra Niall}
Por fin conseguí que Caitlin se viniera conmigo, no sin antes fulminar con la mirada a todos los demás. Caminábamos el uno junto al otro, ella mirando hacia el suelo, tímidamente, y yo mirándola de reojo de vez en cuando. Estaba preciosa, hoy más que nunca.
- ¿A dónde vamos a ir? - se atrevió a preguntarme por fin, aunque sin apartar la mirada del suelo. Yo, por el contrario, si que me giré para observarla, y pude comprobar como sus mejillas se habían tornado de un color ligeramente encarnado.
- Eso es altamente confidencial, señorita - bromeé, con tono divertido - Tan sólo déjame hacerte una pregunta... ¿tienes calor?
{Narra Caitlin}
¿Qué? ¿Que si tengo calor? ¿Qué clase de pregunta era esa? Y, ante todo... ¿a qué se refería con calor?
Estábamos a una temperatura bastante elevada, casi rondando los treinta grados. Pero también estaba el hecho de que estar a su lado me ponía nerviosa, muy nerviosa y, bueno... No, Caitlin, para ya. Deja de pensar en esas cosas. Últimamente no pareces tú.
- Eh, si, tengo calor, la verdad - agité mi cabeza, intentando alejar mis pensamientos "impuros" y centrarme en Niall.
- Pues entonces he escogido el sitio perfecto - y dicho eso, paró con un gesto un taxi y me abrió la puerta, ofreciéndome entrar primero.
Me senté cómodamente en el taxi mientras él le daba la dirección al taxista. Éste asintió con la cabeza y comenzó a conducir a toda velocidad por las abarrotadas calles londinenses. Sentía la mirada de Niall penetrante sobre mí, y eso me ponía aún más nerviosa, por lo que me puse a mirar por la ventanilla.
[Veinte minutos más tarde...]
{Narra Niall}
Ya habíamos llegado. Nos encontrábamos en un pequeño parque a las afueras de Londres, en cuyo centro había un gran lago de agua dulce. Desde mi punto de vista, era un lugar ideal para pasar una tarde de calor, ya que podías tomar el sol, irte de picnic, bañarte en las aguas del lago o mismo dar un paseo en barca. Estaba seguro de que a Caitlin le encantaría aquello.
Pagué al taxista por el viaje y me giré hacia la chica. Se había quedado dormida apoyada en la ventana. Respiraba acompasadamente y sus labios formaban una leve sonrisa, como si estuviera en medio de un bonito sueño. Me entraron unas ganas incontrolables de besarla, ahora que estaba dormida, adorable. Pero, por suerte, supe controlarme, ya que recordé lo que había pasado no hacía demasiado. Y una punzada de dolor me recorrió el pecho de arriba a abajo. ¿Qué era lo que tenía ella que me estaba descontrolando tanto?
- Eh, Caitlin, ya hemos llegado - susurré junto a su oído, zarandeándola con suavidad. Ésta abrió los ojos lentamente y me miró.
- Lo... lo siento. Siento haberme quedado dormida, Niall - se apresuró a disculparse, con voz somnolienta todavía.
- No seas tonta, no pasa nada - me reí - Venga, sal del coche. ¿No quieres ver dónde estamos?
Le cogí de la mano y la ayudé a salir. Todavía tenía los ojos entrecerrados debido al cansancio, pero en cuanto vio el lago los abrió mucho y la expresión de su rostro era totalmente de sorpresa.
- ¡Niall! Esto es... precioso. - exclamó. Yo volví a reírme.
- Como tú, dices, ¿no? - le susurré cerca de su oído, con tono divertido. Ella se sonrojó una vez más y bajó la mirada con nerviosismo. Lo que yo decía, adorable - Venga, no nos quedemos aquí parados. Tengo una pequeña idea sobre lo que podemos hacer antes de comer.
La cogí de la mano y la arrastré por detrás de mi en dirección al embarcadero. Mientras Caitlin dormía en el taxi había aprovechado para llamar al tipo del alquiler de barcas, así que ahora tendríamos una para nosotros todo el día. Se llamaba Nemo y era de color blanco con una delgada línea verde que la cruzaba de lado a lado.
Me agaché frente a la barca y cogí dos chalecos salvavidas. Le pasé uno a Caitlin y el otro me lo puse yo. Después, volví a levantarme y le ofrecí mi mano para ayudarla a subirse.
- Las damas primero - y le guiñé un ojo. Ella sonrió levemente, me cogió la mano y, con agilidad, se subió a la embarcación. Yo la seguí. - Bueno, sabrás remar, ¿no?
Ella abrió mucho los ojos y negó lentamente con la cabeza, lo que me provocó risas de nuevo.
- Pues ya me dirás que hacemos, entonces...
- Bueno, quizás podría intentarlo... - se ofreció.
Yo negué con la cabeza.
- Ah, no, no me pienso arriesgar a que los dos acabemos ahí abajo - intenté adoptar una expresión seria a la vez que señalaba el agua.
- ¿Perdona? - su timidez iba dejando paso a la verdadera Caitlin y eso me gustaba. Sonreí - Dame los remos, Horan, te vas a enterar - sonrió con más confianza. Yo ensanché mi sonrisa y le di los remos.
La chica se recogió su largo y liso cabello claro en una coleta alta y despeinada para después agarrar los remos con decisión y comenzar a remar hacia el centro del lago. La verdad, no lo hacía nada mal, probablemente mucho mejor que yo, que era negado. Pero, obviamente, eso no lo iba a admitir delante suya.
- Si hubiera remado yo ya habríamos llegado hace siglos - murmuré, intentando que mi voz pareciera lo más aburrida posible.
Ella paró de pronto y levantó la mirada, fijando sus ojos en los míos. No, eso no, por favor. Si continuaba así durante mucho tiempo estaba seguro de que no sería capaz de responder de mis actos. Desvié la mirada, intentando controlarme y observé la orilla. Estábamos quizás a unos diez o quince metros de ella, por lo que la profundidad del agua tenía que ser enorme.
De repente, sentí unas gotas de agua cayendo por mi mejilla que empaparon parte de mi camiseta. Estaba, literalmente, helada. Me giré hacia Caitlin y la observé, riéndose de mi a carcajada limpia.
- Conque esas tenemos, ¿eh?, te vas a enterar - murmuré, adoptando una expresión malvada. Comencé a mover la barca de un lado al otro, intentando volcarla por todos los medios. Y lo conseguí. Ambos caímos por la borda, salpicando con gruesas gotas de agua nuestro alrededor.
Los dos emergimos a la superficie casi a la vez.
- ¡Niall, está helada! - protestaba Caitlin, mientras pataleaba y movía los brazos sin cesar - Me voy a hundir y te voy a matar, que te quede claro... - hablaba como podía, puesto que de tanto moverse, el agua le entraba en la boca. Me acerqué a ella dando suaves brazadas.
- Eh, Caitlin, relájate. Llevas el chaleco, no podrías hundirte aunque quisieras - intenté decirle, sonriendo con expresión divertida, pero ella seguía hablando, sin hacerme caso alguno.
- ... y además, ¿has visto lo oscura que está el agua? Esto me da mucho repelús, y yo... - cogí su rostro entre mis manos y la callé con un beso, resultando ser un método más efectivo que el de las palabras. Me separé rápidamente, temiendo su reacción que, efectivamente, era muy parecida a la del otro día en la puerta del hotel. Me asusté. Niall, joder, ¿por qué lo has hecho? Ahora si que saldrá corriendo y no querrá saber nada de ti.
- Lo siento, yo... - comencé a decir, pero no pude terminar la frase, puesto que Caitlin puso los brazos alrededor de mi cuello con una asombrosa agilidad y me besó. Fue un beso dulce y tierno, pero sentí millones de mariposas revoloteando en el interior de mi estómago. Coloqué una mano en su espalda y la pegué a mi lo máximo posible, besándola con ternura y suavidad. Finalmente, tras unos segundos, me separé de ella unos centímetros, sin dejar de bracear en el agua y la miré a los ojos.
- No sabes cuánto tiempo llevaba esperando este momento - susurré a la vez que retiraba un mojado mechón de pelo de su rostro. Ella sonrió tímidamente, tal y como a mi me encantaba que hiciera.
- Aunque te parezca raro, yo también - evitó mirarme a los ojos. Yo no reprimí otra sonrisa, si cabe mayor que la anterior.
- ¿Subimos ya? - señalé la barca, que se movía con suavidad a un par de metros de nosotros. Ella me miró, sonrió y asintió con la cabeza, para después comenzar a nadar despacio hacia la embarcación. Yo la seguí. - Va, tu primero, yo te ayudaré desde aquí - dije. Coloqué entonces las manos en su cintura, preparado para empujarla a la vez que ella se impulsaba, pero no pasaron apenas unos segundos antes de que la soltara de golpe, ahogando un grito.
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